Super 8, de J. J. Abrams y Steven Spielberg

Super 8

En una lista de los nombres clave para entender el blockbuster hollywoodiense, sin duda, Steven Spielberg ocuparía un lugar de honor. Él, que con Tiburón demostró que lo comercial no tiene por qué estar reñido con la calidad, nos ha hecho soñar con grandes films como GremlinsLos Goonies o Regreso al futuro. Ahora, dos décadas más tarde, nos ha traído, junto con el guionista y director J. J. Abrams, un nuevo film cargado de nostalgia por aquella época en que el cine comercial combinaba originalidad y éxito.
En Super 8, esta añoranza se manifiesta en la recuperación de temas como el de los padres e hijos con relaciones complicadas, las familias desestructuradas, las comunidades idílicas amenazadas por un gran desastre y el grupo de niños aventurero. Y un extraterrestre que quiere volver a casa.

¿Os suena?

Parece que para su última película, Spielberg ha optado por desempolvar el viejo guión de E.T. para que J. J. Abrams lo maquille a su estilo. El resultado de mezclar estas dos potentes figuras de la ficción americana es un film protagonizado por un grupo de niños ochenteros y un monstruo espantoso que, como el humo de Perdidos, secuestra a los personajes sin que la cámara lo alcance y que intenta crear un campo magnético, como (¡oh sorpresa!) el de la isla de Perdidos, capaz de atraer objetos de gran tamaño y distancia.

El argumento se desarrolla alrededor de un grupo de niños que rueda una película amateur de zombis, cuando descubre un cargamento secreto protegido por el ejército. En ese momento empieza un seguido de desapariciones humanas y materiales en la ciudad y Joe Lamb (Joel Courtney) y sus amigos emprenden una aventura para descubrir la verdad que se esconde tras éstas. El monstruo amenaza con destruir a la ciudad y a sus habitantes.

A pesar de la fiereza que muestra, el E.T. antropófago tiene su corazoncito, que a ojos del espectador se traduce en unos enternecedores ojitos brillantes que poco tienen que envidiar a los de WALL.E o a los del gatito de Shreck. El desenlace parece una mala versión de E.T. La secuencia heroica final protagonizada por Joe resulta poco creíble, especialmente si no tiene ningún vinculo anterior que lo una al monstruo.

La nostalgia lleva a Spielberg a reconstruir ambientes,  lugares, situaciones y personajes propios de su cine de los 80. Pero es difícil copiar una fórmula que era fruto de un momento y que iba dirigida a otro tipo de espectador, más inocente e impresionable que el de hoy en día.

A su favor hay que decir que los niños actúan de forma natural, sin hacerse repelentes. No obstante, el resultado final es una película entretenida, pero previsible y poco emocionante.

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