Yo confieso, de Jaume Cabré

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Un niño con pantalones cortos y la raya al lado intentando coger de puntillas un libro demasiado alto para él. La portada de Yo confieso me llamó la atención desde la primera vez que la vi, por lo que aproveché las Navidades para hacerme con él. Publicada en catalán por Proa y en castellano por Destino, la última novela de Jaume Cabré es una de esas novelas que homenajean al viejo humanismo y encandilan a los amantes de la cultura.

La novela narra, por una parte, la trayectoria vital de Adrià Ardèvol, el hijo único y falto de cariño de una familia de la alta burguesía barcelonesa, nacido a finales de los años cuarenta del siglo XX. Por otro lado, se cuenta también la historia del Vial, un violín storioni, desde que el maestro escoge la madera perfecta hasta que el violín llega a manos del protagonista. La historia se ramifica como Las mil y una noches en muchas historias más, ocurridas en épocas y escenarios diferentes, hasta el punto que se convierte en una historia de Europa que abarca 600 años , tomando como hilo conductor el violín y su trayectoria envuelta en historias llenas de crueldad y excesos. Ya en la misma figura del padre observa Adrià por primera vez las manchas de la inmoralidad.

Yo confieso es, como indica el título, la confesión (confiteor) en forma de carta que escribe Adrià casi al final de su vida a Sara, su primer y gran amor. Existe en el relato un afán de contarlo todo, por lo que la novela es realmente muy detallista y documentada y está construida de una forma creíble y cercana. La caracterización de los personajes, su lenguaje, la historia en general está muy cuidada, casi de una forma maniática.

Sumergirse en este libro es como entrar en una máquina del tiempo, donde rápidamente se cambia de escenario y de punto de vista: la voz que narra en primera persona la historia de repente se vuelve omnisciente, un inquisidor español se convierte en un jerarca nazi en la misma línea. Casi parece a menudo que no importen los personajes o las escenas que viven, sino el mal que es común en todas ellas; como si el mal fuera realmente el protagonista que moviera los hilos de unas marionetas.

A pesar de su extensión, Yo confieso es un rompecabezas en el que cada pieza encaja a la perfección y no sobra ni falta ninguna. Cabré empieza por derramar, de forma aparentemente desordenada, elementos encima del papel, que más tarde irán encontrando uno a uno su lugar en la narración.

Hay que remarcar el interesante juego entre Adrià y los dos personajes imaginarios (Águila Negra y el sheriff Carson) que le acompañarán en su solitaria infancia y que aparecen en los momentos clave de la historia para actuar de consejeros.

Los ocho años que ha estado Cabré escribiendo esta obra han contribuido al nacimiento de una amistad entre el personaje y el autor. Amistad que se deja entrever en las últimas páginas del libro, escritas con un cariño propio de alguien que no quiere tener que despedirse.

 

Puedes encontrar este libro aquí.

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