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Calendario de Adviento literario – Día 2

La vida, a fin de cuentas, era un secreto con uno mismo. Cuanto más se revelaba, menos quedaba para el núcleo que ella tanto codiciaba y que enseguida reconocía en los demás. Hasta la fruta lo tenía; el corazón de, por ejemplo, una cereza, donde residían el verdadero sabor y el verdadero valor. Chicas felizmente casadas, Edna O’Brien

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