La orilla libre, de Pedro Larrea

La orilla libreEl otro día os hablé de los recelos que a menudo tengo hacia la poesía y de como este libro sí lograba convencerme. Pues bien, hoy vengo a hablaros de otro libro de poesía publicado por la misma editorial, Ártese quien pueda. Esta vez el autor es Pedro Larrea y el título de la obra es La orilla libre. Éste libro también ha sido una agradable sorpresa.

El libro comienza con la siguiente cita de Jorge Guillén:

Sálvame así, tiempo

perdido en la orilla

libre, tanto amor

tanto azar, las islas.

Al leer los versos ya vemos rápidamente de dónde ha salido el título del libro. Pero no sólo eso: si nos fijamos, vemos que los títulos de las diferentes partes del libro están sacados de estos versos (“Entrada a La orilla libre”, “Las islas”, “Tiempo perdido”, “Tanto amor”, “Sálvame así tanto azar” y “Salida de La orilla libre”). Así, los poemas de Pedro Larrea se estructuran a partir del de Jorge Guillén, mientras dialogan con él. En cada una de estas secciones encontramos diferentes ritmos y estilos, formando un verdadero muestrario poético.

El libro mantiene una gran coherencia y un cuidado equilibrio. Esto lo vemos, por ejemplo, con la primera y la última parte, que no sólo se relacionan en el nombre (“Entrada a La orilla libre” y “Salida de La orilla libre”), sino también en el contenido, pues cada una de estas partes contiene un sólo poema con el mismo título: “Elegía del reloj”.

En las páginas del libro hallamos una poesía calurosa, suave, sencilla, áspera, elegante y delicada. Los versos nos hablan de lo femenino, del cuerpo, del tiempo y de la vida como fuerzas creadoras y destructoras. La buena poesía tiene que ser algo más que palabras bonitas que hablan de amor y paisajes idílicos, tiene que ir más allá. Tiene que surgir de una manera de entender el mundo, tiene que explorar el lenguaje y sus límites expresivos, tiene que ser creativa y original. Única. Y La orilla libre lo consigue sobradamente. 

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Negro sobre blanco, de Esteban Quirós

Negro sobre blancoUn profesor mío –ahora mismo no recuerdo cuál – dijo una vez que un buen libro tiene que estar escrito de tal forma que, por mucho tiempo que haya pasado de su lectura, seas capaz de reconocerlo con tan sólo leer la primera frase o, a todo estirar, el primer párrafo. Como ejemplo leyó la primera frase de este libro y – creo – no llegó nunca a decirnos de qué libro hablaba, o quizás lo dijo al final, por lo que pude comprobar que tenía razón. El libro del que vengo a hablar hoy creo que es de estos. Empieza de una forma inolvidable: “La muy turra era otra. Otra. Cuando me desperté ya era otra”. Pero no sólo esto. Creo que este autor tiene una forma tan especial de escribir que podría reconocer cualquier párrafo de este libro.

Estoy hablando del argentino Esteban Quirós y el libro es Negro sobre blanco, que lo publica la editorial Ártese quien pueda.

El protagonista nos narra en primera persona una historia verdaderamente extraña. Y es que un día se levanta y descubre que su mujer ya no es la misma. Pero no es que haya cambiado de actitud o que ya no se quieran ni nada así. Es otra: otra cara, otro pelo, otro cuerpo, otros ojos. Sin embargo, ella actúa como siempre, como si no supiera que es otra. ¿Qué ha ocurrido con su mujer? ¿Dónde está? ¿Quién puede ayudarlo? ¿Se estará volviendo loco?

Con el descubrimiento empieza el derrumbe de la vida del protagonista, que intentará solucionar el problema visitando a su psicoanalista, Maidana, quien no le cree e insiste en que el problema es suyo y en que debe “poner negro sobre blanco”. Y leer a Kafka.

El diálogo con los referentes está presente a lo largo del libro. Se reconoce fácilmente La metamorfosis de Kafka; a Jorge Luis Borges y Apocalypse Now, de Coppola. También, por lo visto, hay un diálogo lleno de referencias con Bioy Casares y El sueño de los héroes, pero como no lo he leído no lo he podido disfrutar. Me lo apunto a mi lista de pendientes, aunque la historia se puede disfrutar de todas formas, conozcamos o no todas estas referencias.

Lo interesante del libro es su vertiente psicológica y su reflexión acerca de la vida en pareja, las relaciones humanas, y sobre la cotidianidad, la seguridad que esta nos da y el derrumbe que se nos viene encima cuando ésta falta. Cuando Esteban Quirós escribió este libro tenía veintidós años y, la verdad, nadie lo diría, pues a todas luces estamos ante una novela muy buena, completa, reflexiva y trabajada, aunque a veces con un ritmo desesperantemente lento que, por otro lado, consigue transmitir perfectamente la sensación progresiva de ahogo que experimenta el protagonista.

La infancia suicida de Verónica Qué, de Andrea Aguirre

La infancia suicida de Verónica QuéHe de reconocer que la poesía me genera desconfianza. Demasiadas veces me he cruzado con supuestos poetas que se dedican a poner sin más palabras bonitas una a lado de la otra de forma absolutamente previsible, sin imaginación ninguna. La poesía debe explorar en los límites del lenguaje, de los sentimientos, de la vida y la muerte y debe inducir a la reflexión.

Afortunadamente, éste último es el caso de La infancia suicida de Verónica Qué, de la argentina Andrea Aguirre, que publica la editorial Ártese quien pueda. Los versos de este libro generan inquietud, miedo incluso.

Verónica es el alter ego de Andrea, es la parte oscura de su “yo”. El libro es una conversación entre las dos partes de Andrea. Está escrito como un diario que recorre, de forma desordenada, una experiencia vital. Los días avanzan y retroceden. Los temas cambian y vuelven. En la vida hay cosas que parece que se repiten una y otra vez, mediante el recuerdo o el tropezar con la misma piedra. Son las cicatrices, que dejan una marca del pasado en el presente, las que nos devuelven a épocas pretéritas. Emociones, sensaciones y oscuridades forman este libro. El trauma de descubrir que la vida no es fácil y el crecimiento que esto supone son los temas que subyacen a lo largo de la obra.

Si nos fijamos en la estructura, veremos que el libro se divide en diferentes partes, de las cuales, sólo la última, “Resurrección”, tiene título. No obstante, todas ellas vienen introducidos por versos de la también argentina Alejandra Pizarnik. En cada una de estas partes los poemas deben leerse de dos en dos: primero veremos aquellos que, escritos en prosa, forman parte de de una bitácora, seguidos siempre de un poema en verso que se contrapone de alguna manera, dando respuesta a las cuestiones del primero.

El libro está centrado en una infancia oscura. Somos conscientes de que ésta no es una visión total, y esto nos lo recuerda con la última parte, llamada “Resurrección”, con la que hace un claroscuro. El libro es un intento de sacar la oscuridad a la luz, como un exorcismo, de recordarnos que la infancia no siempre es ese momento de nuestra vida lleno de luz y vacío de preocupaciones: siempre hay un poco de todo.