Cultura Mainstream, de Frédéric Martel

¿Cómo funciona la cultura de masas? ¿Cómo se fabrican los best sellers, los discos superventas y los grandes éxitos de taquilla? ¿A qué se debe la supremacía mundial de los productos culturales estadounidenses? El sociólogo y periodista francés Frédéric Martel trata de dar respuesta a estas cuestiones en Cultura Mainstream. Cómo nacen los fenómenos de masas, publicado en España por Taurus.

Frédéric Martel es autor de Le rose et le noir. Les homosexuels em France después 1968, Sur le déclin du théâtre en Amérique y De la cultura en Amérique. Además ha impartido clases en el Institut d’Études Politiques y en la École des Hautes Études Commerciales. Actualmente presenta el programa radiofónico Soft Power en France Culture.

El libro es el resultado de una ambiciosa investigación de más de cinco años durante los que Martel pasó por treinta países, llegando a entrevistar a más de mil doscientas personas relacionadas con el mundo del entertainment. Martel viaja por Hollywood, Bollywood, Tokio, Miami, Qatar, México, etc. para llegar a la conclusión de que existe una guerra mundial por controlar los contenidos. Todos los países luchan para dominar la web y ganar la batalla de la influencia cultural. Esto es lo que se denomina soft power, frente al hard power¸ representado por las fuerzas militares, políticas, económicas e industriales.

El mainstream es una cultura popular de masas que tanto puede ser divertimentos como arte. Engloba a Lady Gaga, Harry Potter, Spiderman, Wall·e, las series de televisión y los cómics. Visto con un enfoque positivo, se puede decir que gusta a mucha gente y crea felicidad y divertimento (cultura para todos, cultura democrática). En cambio, desde un punto de vista negativo se considera monolítico, imperialista y repetitivo (cultura barata, comercial).

El libro se estructura en dos partes: en la primera examina el sector cultural estadounidense y su influencia en distintas partes del mundo. En la segunda aborda el tema de la globalización de la cultura y los esfuerzos de muchos países por llegar a sobreponerse a EEUU. Todo ello está contado casi como una novela en la que el protagonista nos cuenta su viaje y nos habla de las personas con las que se entrevista y la impresión que le dan desde un punto de vista muy personal. Martel es consciente que está tratando con el poder y, por lo tanto, con un mundo de opacidad y secretismo, por lo que sus interlocutores no siempre son de todo sinceros con sus respuestas.

La obra, que supera las 400 páginas, se complementa con su página web www.fredericmartel.com, donde se pueden encontrar las notas a pie de página del libro, la lista de entrevistas, la bibliografía y algunos documentos o estadísticas usados en su trabajo. El resultado es un libro interesante, relatado de forma variada y amena, que deja entrever el monumental trabajo que se esconde tras las páginas, en las que nos habla sobre todo de cine, pero también de música, literatura y videojuegos. Cultura audiovisual, censura e intereses son los temas de los que nos informa Martel en su libro.

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Yo también sabría hacerlo, de Christian Saehrendt y Steen T. Kittl

Uno de los temas a los que llevo dando vueltas desde hace años es al tema del arte contemporáneo: ¿cómo saber lo que es y lo que no es arte? ¿Cómo saber si nos están tomando el pelo? ¿Cómo preguntar todo esto sin quedar como un cavernícola a los ojos de los entendidos? Con objeto de obtener una respuesta empecé la lectura de Yo también sabría hacerlo. Entender el Arte Moderno (publicado por Ma non Troppo, del grupo Robinbook) de Christian Saehrendt y Steen T. Kittl, dos artistas alemanes que pretenden darnos un manual de instrucciones para el arte moderno.

Por desgracia, la conclusión sigue siendo que parece que no hay mucho que entender: nadie puede decir hoy en día qué es arte, el cual parece que se mide por parámetros puramente económicos. Saehrendt y Kittl recopilar anécdotas, chismes, teorías y situaciones para hacernos entender por qué hay que desconfiar del arte moderno y de aquellos que afirman entender algo. Por tanto, ya que incluso los más expertos se sienten desconcertados acerca de lo que se debe tomar como arte, los autores nos invitan a pensar y a que seamos nosotros mismos los que creemos nuestros propios parámetros para definir qué es el arte para nosotros.

Irónicamente, el libro nos da consejos para sobrevivir a las exposiciones, performances, las galerías, los museos, los galeristas, los marchantes, los coleccionistas, el público y los artistas. Me ha gustado especialmente cuando da una serie de adjetivos positivos que debemos aprender antes de ir a una exposición para combinarlos elegantemente a nuestro antojo y hacerlos los entendidos. Éstos son:“La obra es: muy emotiva / sutil / conmovedora / palpitante / tensa / tupida / nada pretenciosa / ambiciosa / visionaria / emocionante / compleja /pensada hasta el final / animosa /subversiva”. Según él, con estas palabras se pueden crear frases del tipo: “complejidad emocional cautivadora” o “nada pretenciosa, pensada hasta el final, visión sutil”. Con esto en mente, ya cualquiera puede ser un gran crítico de arte moderno.

El libro parece escrito por dos estudiantes gamberros cabreados con sus profesores. El resultado es muy mejorable, tanto en argumentos como en redacción (aunque eso puede que sea culpa de la traducción), pero es divertido. Eso sí, ayuda a quitarte  el complejo de gañán que se te queda cuando sólo ves montones de basura donde un gafapasta parece ver algo más.

El sopar dels idiotes, de Francis Veber (dir. J. J. Afonso)

David Fernández y Edu Soto: dos buenas razones para ir a ver al Teatre Apolo la ya de por sí exitosa comedia teatral El sopar dels idiotes, todo un clásico escrito por el dramaturgo francés Francis Veber. Edu Soto y David Fernández (por desgracia encasillados en sus papeles de el Neng de Castefa y Rodolfo Chikilicuatre, respectivamente) se conocieron en un casting para Una altra cosa, se reencuentran ahora en esta obra. David Fernández se sale en su papel, no necesita ni siquiera hablar para hacer reír. De hecho, el papel del idiota recuerda mucho al del Gilipollas que interpretaba como colaborador de Buenafuente. También es destacable la actuación de Santi Ibáñez en el papel de inspector de Hacienda, un personaje especialmente divertido. Edu Soto encarna correctamente un personaje más serio y formal, al que no nos tiene acostumbrados.

Un grupo de amigos se reúne los martes para hacer una cena e invitar a la persona más idiota para reírse de ella. La historia tiene lugar en el piso de uno de estos amigos que tiene lumbago, por lo que no puede asistir a la cena. El idiota invitado aparece en su casa dando pie a un juego de despropósitos y disparates; una espiral de metidas de pata que cambian el orden establecido en la vida del arrogante anfitrión. Dirigido por Juan José Afonso, el espectáculo no es una comedia banal, sino una crítica hacia una sociedad en la que el que es idiota y el que sólo lo parece se confunden.

La obra parece estar hecha especialmente para el lucimiento de David Fernández. El resultado son dos horas sumamente entretenidas.