Soy de pueblo, de Raquel Córcoles y Marta Rabadán

Raquel Córcoles es una joven licenciada de periodismo que se presentó en solitario al concurso de la II Beca Carnet Jove 2010 Connecta’t al Còmic. Tras ganar la beca tenía tres meses para hacer un cómic que Glénat publicaría, tarea que decidió compartir con su amiga Marta Rabadán. Las chicas confiesan no haber dibujado nunca antes y haber tenido que aprender sobre la marcha mientras lo compaginaban con su trabajo.

La protagonista y narradora de la historia es Moderna de Pueblo, una chica que (igual que las autoras) se traslada de un pueblo a la ciudad con grandes sueños como convertirse en alguien famoso, ir a fiestas, conocer gente y ser fotografiada en blogs de moda. El cómic empieza hablando del pueblo, de volver a casa, de cómo poco a poco una se empieza a sentir “demasiado de pueblo para ser de ciudad y demasiado de ciudad para ser de pueblo”. Poco a poco el tema central se desvía al estilo de vida de la ciudad: las redes sociales, los blogs, la música, las discotecas, la moda y la actitud a menudo demasiado pedante de los modernos. El cómic está amenizado con humor e ironía: vemos las continuas meteduras de pata de la protagonista mezcladas con la sátira de la gente de ciudad y la de pueblo. La intención de las dibujantes es contar su experiencia en la ciudad, la experiencia de alguien que no conoce todo esto hasta pasados los 20 años.

Las autoras juegan con total libertad con las tipografías y la distribución de las viñetas, que a veces simulan un muro de facebook o la portada de una revista. Los dibujos son sencillos, pero efectivos, y la narración fresca y divertida. Sonrisas y carcajadas garantizadas.

El cómic ha sido todo un éxito y ahora Raquel Córcoles publica cada semana la página “Aquí hay tema” en El Jueves y la sección “Casi Celebs” en la revista Cuore. Además está preparando la serie de animación de Moderna de Pueblo y ha empezado con el segundo cómic, que espera publicar en primavera del próximo año.

Mi madre era una mujer hermosa, de Karlien de Villiers

Hoy vengo a hablaros de Mi madre era una mujer hermosa, la autobiografía publicada por Glénat con forma de novela gráfica de la surafricana Karlien de Villiers, donde nos explica los dramas de su infancia en un relato protagonizado por sus padres, su hermana mayor y ella misma. La historia parece más un álbum de recuerdos que un relato con un orden y una continuidad.

A través de las viñetas conocemos a su madre, que fue modelo antes de casarse; a su padre, que no pudo evitar que la familia acabara separándose; y a Ana, la segunda esposa del padre, quien deja claro des del inicio que no tiene intención de cargar con las niñas. Karlien de Viviers nos cuenta sin escrúpulos las miserias de sus seres queridos.

Así pues, nos explica cómo se salvaba del fuerte adoctrinamiento católico que recibía gracias a sus constantes preguntas. Explica también como su padre, una persona irascible y autoritaria, deja de ser un modelo a seguir para ella y, por tanto, como todas sus referencias le vienen por parte de la madre. Explica también sus recuerdos de niña de los disturbios callejeros de los años 80, la enfermedad de su madre y el desmoronamiento de su familia que le hará gestar un rencor del que ya nunca se podrá librar.

La novela te deja con la sensación de que le falta algo, de que la historia podría dar mucho más de sí. Este cómic prometía mucho, pues narra una historia autobiográfica muy interesante desarrollada en el momento histórico del inicio del fin del apartheid. Los colores tan vivos chocan con los momentos de dramatismo, restándoles intensidad, y las caras de los personajes resultan tan poco expresivas por el estilo de dibujo usado que parece que no tengan sentimientos. Además, la circunstancia histórica, que podría haber dado mucho jugo a la historia, pierde importancia y se desvanece. Se echa en falta que la autora no haya desarrollado muchas de las opciones que sólo se perfilan, lo que deja una sensación agridulce ante un cómic que podría haber llegar a ser mucha más interesante.