Los surcos del azar, de Paco Roca

Los surcos del azarHacía meses que esperaba el nuevo cómic de Paco Roca con tantas ganas, que cuando vi la portada de Los surcos del azar (Astiberri) en un catálogo del FNAC pensé que me había despistado y fui corriendo a buscarlo sin fijarme en que aún no había salido. La buena noticia al darme cuenta de la fecha real de publicación era que coincidía con el Black Friday y que me lo podía llevar con descuento el mismo día de salida al mercado. Parezco una groupie loca o algo así, pero os aseguro que la emoción está justificada: Paco Roca ha demostrado con cada uno de sus trabajos que es un valor seguro y éste no es, ni de lejos, una excepción.

Los protagonistas de Los surcos del azar son los republicanos españoles, integrados en la Nueve: la compañía, formada en su mayor parte por españoles exiliados, que liberó París de los nazis. “¿Para qué llamar caminos a los surcos del azar?”, la pregunta de Machado da título al cómic. La defunción, por pena, cansancio y frío, del poeta que se deja morir marca el final de la introducción y la resolución de los protagonistas a no darse por vencidos tan fácilmente. Poco podían imaginar los jovencísimos supervivientes de la Guerra Civil que no podrían abandonar las armas hasta muchos años más tarde y, mucho menos, que serían ellos los primeros en entrar en París con los carros de combate. Pero para estos luchadores no había otra opción: la guerra contra Franco y contra el nazismo era una misma guerra, la lucha por la democracia en Europa. Por ello se sintieron traicionados y abandonados cuando tras la muerte de Hitler se dio la guerra por terminada, legitimando que el fascismo siguiera imperando en España.

Los surcos del azar no es una historia más sobre la guerra. Es un trabajo documentado de cinco años, que trata de adentrarnos en el ambiente de incertidumbre y el espíritu de lucha de la época. Los personajes de Los surcos del azar se ven obligados a tomar decisiones vitales sin apenas información. Esto los lleva a tomar “caminos” que no saben a dónde les llevarán, tal y como sugiere la portada, en la que parece que ha caído una gota de tinta, con un sólo origen, de la que chorrean líneas azarosas en todas direcciones. Los caminos se bifurcan continuamente y cada vez que alguien se separa de alguien piensa que probablemente sea la última vez que lo verá.

La historia nos la cuenta Miguel Campos, quién desapareció en una de las misiones que solía hacer en solitario contra los nazis. Algunos investigadores apuntan que pudo estar en la preparación de la ofensiva antifranquista a través del Valle de Arán o, incluso, formando parte de tropas antifascistas en Marruecos. Paco Roca aprovecha la incertidumbre acerca de la suerte que corrió el antifascista, para meterse en las páginas del cómic y visitarlo en su supuesto domicilio en Francia. El recurso narrativo es interesante, ya que permite la introducción de reflexiones, preguntas, respuestas y reacciones tanto por parte del entrevistador como del entrevistado. La estructura recuerda a Maus y a las conversaciones que Spiegelman tuvo con su padre sobre su experiencia en los campos de concentración. Al contar la historia desde el presente, permite contar la amargura y el desengaño en el que han vivido los que se han sentido abandonados, sin poder volver al hogar por el resto de su vida. Paco Roca aprovecha también para reflexionar sobre el periodista que remueve los fantasmas de los entrevistados para luego irse, hacer su artículo, libro, trabajo,…, y no acordarse nunca más de ellos.

El gran logro de Paco Roca es que consigue transmitirnos, a nosotros, que conocemos la historia y que sabemos como termina, la sensación de incertidumbre que viven los personajes. La necesidad de aferrarse al hoy para seguir luchando porque igual mañana está muerto.

El proyecto comenzó en 2008 cuando Roca coincidió con Luis Royo y Manuel Fernández, dos de los republicanos españoles que lucharon en la Nueve. La historia le impresionó y empezó a investigar. Los surcos del azar es una obra llena de rigor, que ha requerido un gran trabajo de documentación y ha sido revisada por historiadores y militares. El cómic recuerda a Arrugas, por el contacto con el anciano y a El faro por estar ambientado en la Guerra Civil. Incluso se podrían considerar estos dos cómics como gérmenes de esta nueva obra maestra. Es por eso y por su maestría en la narración que no cabe duda de que se va a convertir inmediatamente en un clásico.

 

Os dejo un documental de La Nueve para aquellos que queráis saber algo más del tema:

El Faro, de Paco Roca

El faroHay ciertos autores a los que con tan sólo leer un par de obras ya fijas como un valor seguro en tu estantería. A Paco Roca lo descubrí, como la mayoría de la gente, gracias a la popularidad de Arrugas y no tardé mucho en darme cuenta de que tenía que leer todo lo que pudiera de él. Lo estoy haciendo poco a poco, salteando su lectura con la de otras obras (hay que ir combinando, la lista de libros pendientes crece cada día). Esta vez le ha tocado el turno a El Faro (Astiberri).

El Faro, como cuenta el propio Paco Roca, surge de la historia que le contó el abuelo de una amiga que luchó en la Guerra Civil y tuvo que huir a Francia. El protagonista del cómic es un joven soldado del bando republicano que intenta huir a Francia. Encuentra cobijo en un viejo faro de la costa catalana, donde el farero lo acoge. Ambos convivirán una temporada en el faro, y el anciano intentará transmitir su ilusión por la vida al joven soldado, quién ha perdido la capacidad de soñar en la guerra. El mensaje es claro: “No se puede ir por ahí, a la deriva, sin un sueño”, dice el anciano. Poco a poco, el joven será capaz de soñar y luchar por sus sueños.

El viejo farero nos recuerda una y otra vez los clásicos literarios marinos que nos hicieron soñar de pequeños: piratas, Ulises, Julio Verne, Moby Dick, Gulliver y sirenas nos sumergen en nuestra infancia y consiguen que el personaje nos parezca realmente entrañable. Su empeño por encontrar la isla de Laputa es un claro ejemplo. Todo junto consigue incluso hacerte ver que el mundo puede llegar a ser muy mágico si realmente queremos que lo sea.

La historia tiene un ritmo pausado, como si fuera un cuento. Pero es un cuento de dimensiones épicas en el que se narra el viaje interior de un personaje que se ha visto alejado forzosamente de su hogar. Las continuas referencias a los grandes viajeros de la historia de la literatura se presentan como una referencia obligada para el aprendizaje que debe llevar a cabo el joven soldado, guiado por su mentor. Todos y cada uno de los viajantes descubren que realmente no importa el destino, lo importante es lo que aprendes en el camino mientras no apartes la vista de tu meta. El Faro es un homenaje hacia esa tenacidad de la que hablan los relatos de viajeros y soñadores; un canto a la libertad y a la paz.

Al final de la edición que he leído (la tercera) aparecen unas páginas en las que el mismo Paco Roca nos explica cómo, cada vez que se hace una nueva edición, revisa, corrige y “repeina” sus obras, cambiando aquí y allí algunas viñetas y diálogos. Realmente preocupación para presentar un buen trabajo se nota y sus lectores lo agradecemos. Esto me ha hecho pensar en el último cómic suyo que leí (El invierno del dibujante) y en cómo han cambiado las cosas desde entonces, un tiempo en el que los dibujantes no tenían derechos sobre sus dibujos y las editoriales podían hacer lo que quisieran con los dibujos sin ningún permiso del autor. Precisamente fue la lucha por sus sueños de los cinco dibujantes rebeldes lo que empezó a cambiar la situación hasta llevarnos a donde está ahora. En el fondo todo trata de lo mismo, ¿no?

 

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