De Fukushima a Corfú. Una fábula japonesa, de Carmen Domingo

de fukushima a corfuConocí la editorial Taketombo Books hace casi un año y medio en el Salón del Manga de Barcelona. Allí me quedé enamorada de un álbum de cuentos inspirados en la leyendas japonesas de terror. Así que en la última edición del Salón los busqué para hojear las novedades. Y volví a casa con De Fukushima a Corfú. Una fábula japonesa, de Carmen Domingo.

La historia está protagonizada por Nozomi, una niña de 11 años que sobrevive al terremoto del 11 de marzo de 2011 y está inconsciente en un hospital. De su família no se sabe nada, es su profesora quien contiene las lágrimas al lado de la cama. Por la noche, Nozomi se levanta, se viste, coge su libro favorito (Mi familia y otros animales de Gerald Durrell),su mochila y sale del hospital.

Entonces Nozomi va al único lugar donde podría ir. Su abuela siempre le ha dicho que, si desaparece, la busquen en la isla de Corfú. Asi que entra como polizón en un barco y comienza su aventura. Cuando llega, se sorprende de que todo siga siendo tal como lo describía su abuela, pues suponía que esas imágenes correspondían al pasado.

Es un libro bellísimo, un homenaje a las víctimas del terremoto y el tsunami que asolaron Japón en 2011, pero también a la fuerza de los japoneses y a su dicho: “Si te caes siete veces, levántate ocho.” Además es un libro muy breve, que se lee de una sentada y que nos habla del amor de una niña hacia su abuela.

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El ganso salvaje, de Mori Ôgai

El_Ganso_Salvaje_David_González_Chidori_Books_424x600jpgHacía ya algún tiempo que no leía a ningún autor japonés y, la verdad es que ya tocaba, así que me alegra mucho haber tenido la oportunidad de leer este clásico: El ganso salvaje, de Mori Ôgai, publicado por Chidori Books. El libro está traducido por Sachiko Ishikawa, de la que ya había leído unos cuentos anteriormente (y que os recomiendo mucho). Es curioso porque el libro de cuentos del que os hablo lo descubrí el año pasado en el Salón del Manga de Barcelona y he leído esta traducción suya esta semana, en la que está a punto de comenzar otra vez el Salón. En fin, cosas que tiene la vida.

Los protagonistas de esta historia son Otama y Okada. Otama es una chica joven y bella que se ve obligada a convertirse en la amante mantenida de un usurero para así poder mantenerse ella y su padre. La chica acepta su destino con fuerza y sin lamentos. Otama cada día ve por la ventana a Okada, un joven estudiante del que poco a poco se enamora. De entrada, esta historia puede parecer que va a desencadenar un drama, pero nada más lejos de la realidad.

La historia está narrada por un tercer personaje ajeno a los hechos, por lo que se convierte en una contemplación calmada, sin grandes aspavientos, dramas, ni explosiones de sentimientos. Es una forma de narrar que inspira mucha calma y que hace pensar que en realidad la vida se compone de muchos momentos que no parecen novelescos, pero que no por ello son menos importantes. Simplemente son una sucesión de casualidades que conforman nuestro recorrido vital.

Los personajes están muy bien creados y en pocas pinceladas te puedes dar cuenta de como son realmente. A la historia no le falta nada y, lo más destacable: no le sobra nada. No hay elementos superfluos ni grandes complicaciones. Es una historia breve, que se lee en dos o tres horas, pero en la que todo está en su sitio. Es un libro bello, natural y sencillo, muy a la japonesa. Con él, podemos asomarnos, para llegar a avistar, aunque sólo sea un poquito, el clima que se respiraba en el Japón de la época y como se vivía el amor entonces y, sólo por ello, vale mucho la pena.
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Cuentos del Japón oculto, de Sachiko Ishikawa

Cuentos del Japón ocultoHoy quiero hablaros de un libro que, como podéis ver en este post y este otro, tenía muchas ganas de leer. Se trata de un álbum de cuentos que se inspiran en el imaginario del terror japonés. El libro se llama Cuentos del Japón oculto y lo edita Taketombo Books, una editorial que quiere traernos un pedacito de Japón a nuestro país. La autora del libro es Sachiko Ishikawa, una chica de raíces japonesas y alemanas, pero criada en Barcelona.

Los cuentos no son adaptaciones de cuentos tradicionales japoneses, sino que son cuentos originales que toman elementos de la tradición japonesa para crear historias nuevas. Al final del libro están explicados cuales son estos elementos y, la verdad, es que es muy interesante.

Los relatos vienen acompañados de las ilustraciones de Laura Garijo, que ayudan a adentrarnos en el ambiente siniestro del libro. Los colores que predominan son el blanco y el negro, pero también hay verdes, rojos y ocres difuminados.

Las historias son inquietantes. Algunas se quedan ahí y otras dan verdadero miedo. La mayoría de fantasmas o espíritus de las historias no son seres malintencionados, sino que simplemente se sienten solos o perdidos o vivieron una vida llena de tormentos y no consiguen descansar. Me ha parecido especialmente inquietante la historia de una muñeca que es en realidad la abuela de una niña que tendrá que convertirse también en muñeca cuando el alma de la abuela abandone este mundo. En cambio me ha parecido muy tierna la historia de una mujer que murió en un incendio y que a cada cumpleaños de su hija le regala un melocotón.

Estamos ante un libro muy interesante, del que podemos aprender algo nuevo, mientras disfrutamos de las historias que se nos cuentan. Podemos ver las semejanzas y las diferencias acerca de lo que da miedo en occidente y oriente y dejarnos sorprender. Podemos también aprender nuevas historias para contar en una reunión nocturna. Seguro que con el ambiente adecuado haréis temblar a más de uno.

Os dejo el booktrailer:

Japonismo. La fascinación por el arte japonés

JaponismoJapón tiene una sorprendente capacidad para fascinarnos. Las artes marciales, las danzas, la decoración, la moda, la gastronomía, el manga…: su cultura nos llega en todas sus facetas desde el País del Sol Naciente para asombrarnos y hechizarnos. A veces puede parecernos que el interés por Japón sea algo muy novedoso y que el manga y el sushi son tan sólo una moda propia de nuestra época, pero la realidad es que el interés por lo japonés se extendió por toda Europa ya durante la segunda mitad del siglo XIX, dejando huella en las corrientes impresionistas, postimpresionistas, simbolistas y vanguardistas. Ahora, en el CaixaForum Barcelona podemos disfrutar de una exposición formada por más de 300 piezas en la que se muestra el inicio de las relaciones entre Europa y Japón y la incidencia de lo nipón en nuestra cultura. Así pues, podemos observar la relación del movimiento llamado japonismo con artistas españoles como Fortuny, Picasso, Regoyos, Casas, Utrillo, Dalí y Miró, entre muchos otros.

La muestra se llama Japonismo. La fascinación por el arte japonés y se exhibirá en Barcelona hasta el 15 de septiembre y en Madrid desde octubre de 2013 a febrero de 2014. La exposición ha supuesto un gran reto, ya que es la primera específica sobre el tema que se hace en España. Ricard Bru es el comisario que se ha atrevido con este trabajo, dando como resultado una exposición muy completa hecha a partir de obras procedentes de distintos museos y otras obras inéditas de colecciones particulares. En la exposición podemos apreciar como el interés por Japón se extendió por toda Europa gracias a los artistas curiosos que establecieron lazos para entender, aprender, amar y asimilar la cultura japonesa. En España la corriente nació en la década de los 70 del siglo XIX, siendo su mayor momento de influencia a finales de siglo, especialmente en Cataluña.

La apertura de las relaciones diplomáticas y comerciales con Japón, y la presencia de este país en las Exposiciones Universales, significó para los europeos un descubrimiento de un mundo inesperado, la influencia del cual terminó por impregnar casi todas las artes. La fiebre por lo japonés se instaló sobre todo en Barcelona, donde hubo varios museos de arte japonés y tiendas de exportación. El descubrimiento de una cultura como la japonesa que había estado encerrado en sí misma durante dos siglos llenaba de ilusión a los europeos que sentían estar descubriendo un mundo nuevo. La influencia sobrepasó pronto la escena artística para llegar a todos los ámbitos de la sociedad y la cultura más popular (en la exposición podemos ver incluso juegos infantiles). Pero en esta exposición no descubrimos la influencia japonesa en el modernismo (bastante conocida ya), sino que vemos los mecanismos, las causas y las consecuencias de dicha influencia.

La exposición es desde luego ambiciosa y rigurosa. El comisario, Ricard Bru, es un joven historiador del arte interesado tanto en el Modernismo y el Novecentismo catalán como en el arte y la cultura japonesas. Ha comisariado otras exposiciones, entre las que cabe destacar Imatges Secretes. Picasso i l’estampa eròtica japonesa, en el Museo Picasso de Barcelona, y Las estampas japonesas en el Museo del Prado. También ha trabajado el proyecto del British Museum Shunga: sex and humour in Japanese Art.

Vale la pena ir a ver la exposición, pues como ya he mencionado, reúne más de 300 obras, muchas de ellas nunca expuestas y que difícilmente podrás volver a ser expuestas juntas de nuevo. Entre las salas podremos ver libros, mapas, cuadros, cerámica, muebles, ropa, tapices, etc.: piezas todas ellas únicas y muchas de ellas exquisitas que ningún aficionado a los japonés y lo asiático debería perderse.

 

En la prisión, de Kazuichi Hanawa

En la prisiónA la hora de escoger qué es lo siguiente que voy a leer a veces busco información sobre novedades o recomendaciones en los blogs y los catálogos de las editoriales. Pero la mayoría de veces lo que me gusta hacer es pasearme por librerías observando títulos y portadas y leyendo contraportadas, para terminar llevándome algún libro de un autor que desconocía y que ha llegado a mí casi por azar. A veces sale bien y descubro auténticas perlas, pero otras veces el resultado puede ser decepcionante.

Así ha sido con En la prisión, de Kazuichi Hanawa, un libro que escogí en gran parte por ser editado por Ponent Mon, editorial que para mí es garantía de encontrar algo bueno, diferente e interesante. Kazuichi Hanawa fue arrestado en 1994 y condenado a tres años de cárcel por posesión ilegal de armas en su afán de coleccionismo. Cuando salió se dedicó a plasmar todos los detalles que recordaba de la vida diaria en prisión.

El cómic me resulta tremendamente aburrido. Y supongo que es lo que buscaba el autor (en inglés el cómic se llama, muy acertadamente, Doing time), ya que hace hincapié en la monotonía y la disciplina que rigen el día a día de los presos. Pero no me convence. No sólo es tedioso por este ambiente monótono, sino por cómo está explicada la historia. Si bien es normal que la vida de los presos gire en torno a la comida (el mejor momento del día) creo que hay otras formas de contarlo que llenando páginas y páginas de ejemplos de menús (en este sentido, me ha recordado un poco a El Gourmet Solitario, de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi). La falta de acción y el exceso de descripciones hacen que leerlo se haga cuesta arriba.

Hay que reconocer, eso sí, que el libro sorprende, pues cuando uno se sumerge en un relato sobre la vida en la cárcel espera encontrarse con una lista de tópicos: los presos como víctimas de un sistema opresor que los maltrata, grandes discursos sobre la libertad, tentativas de evasión, hambre, brutalidad, conflictos, etc. El cómic es más bien una simple descripción de lo que vio en la cárcel. No es ni siquiera una historia con un inicio y un fin (cuando empieza el protagonista está ya en la cárcel y cuando termina sigue ahí) sino que más bien parece un lienzo estático o un manual donde se plasma lo que cualquiera que entre va a encontrar. La cárcel que Hanawa nos muestra tiene, no obstante, elementos duros, los cuales de basan sobre todo en ser una sociedad en la que la jerarquía, el protocolo y el orden japonés alcanza cotas realmente demenciales. Hay un respeto absoluto y una distancia entre los guardias y los presos, una educación siempre impoluta y una disciplina rígida y asfixiante. Todo está previsto. Hay normas de educación  que rigen cuándo y cómo dar las “gracias”, pedir “por favor” o dar reverencias. La puntualidad es exagerada: cada actividad está cronometrada y uno no puede excederse del tiempo permitido para cumplirla. Cada paso y cada movimiento de los presos están vigilados y programados casi como si se tratara de una formación militar.

En la prisión no es un relato de una estancia traumática. No hay violencia, dramas ni fugas. No es un panfleto de protesta, ni una lamentación, ni siquiera un relato de redención. Es simplemente un documento casi periodístico, aséptico. Con valor documental, sí, pero a mi parecer poco valor artístico o literario.

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El Gourmet Solitario, de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi

Tonoharu, de Lars Martinson

Daniel Wells es un joven estadounidense que consigue trabajo como profesor adjunto de inglés justo al terminar la carrera. El trabajo requiere el traslado a Tonoharu, una pequeña localidad japonesa. Esta es la historia de carácter autobiográfico que nos cuenta Lars Martinson en Tonoharu (Editorial Sins Entido), una novela gráfica de dibujo sencillo pero expresivo.

El protagonista se siente abrumado por el aburrimiento y la soledad ya anunciados desde un principio por su predecesor. En la novela observamos las grandes dificultades de adaptación de Wells, quien lleva una vida demasiado solitaria. Los profesores y el personal de la escuela se muestran muy distantes con él y los alumnos lo ven como algo exótico, curioso y divertido. Además, su contrato le obliga a estar todo el día en la universidad aunque no tenga nada que hacer. Al principio intenta fingir que trabaja, pero luego ya ni siquiera se molesta en ello e incluso llega a dormir en un banco sin ningún tipo de disimulo. A lo largo de la novela nos identificamos con él, sus problemas y su frustración. La barrera cultural e idiomática es asfixiante. Sólo algunos personajes como Constance, el señor Sato, la señorita Mori y Steven harán su estancia en Japón más llevadera.

La monotonía se ve reforzada con la repetitiva composición de viñetas 4×4 que se repite a lo página tras página, composición sencilla pero muy acertada para la experiencia vital que nos quiere contar. La historia, aún siendo autobiográfica no usa nombres ni topónimos reales, por lo que no sabemos si realmente todo lo que cuenta sucedió como lo cuenta. La realidad y la ficción se mezclan sin perder el carácter muy realista y costumbrista de la obra. Imprescindible para todo aquel que vaya a vivir una temporada en Asia Oriental.

Furari, de Jiro Taniguchi

La última obra de Taniguchi editada por Ponent Mon es Furari, donde Tadataka Ino, un jubilado, se dispone a cartografiar Edo haciendo grandes caminatas mientras cuenta sus pasos. Mientras se esfuerza para que sus pasos sean lo más regulares posibles, no puede evitar distraerse ante la belleza de la vida y su mirada sensible y soñadora a menudo empatiza con los animales hasta tal punto que llega a ver el mundo a través de ellos.

Tadataka Ino, quién realmente existió, vivió entre los años 1745 y 1818 y fue el primer hombre en completar el mapa de Japón usando técnicas modernas tras 17 años de trabajo. Taniguchi trata de transmitirnos la pasión de un hombre sencillo y mundano, pero a la vez soñador y con un amplio interés humanista y científico. A la vez nos muestra la ciudad de Edo durante la época de Tokugawa y sus costumbres, tratando de reflejarnos su ambiente fijándose cuidadosamente en los pequeños detalles.

En Furari, que significa algo así como “vagar sin rumbo fijo”, se unen el amor a la naturaleza con la poesía y, al fin y al cabo, la vida y la capacidad de perseverancia. El cómic trata de la necesidad de fijarse un objetivo que de sentido a nuestras vidas. Como todas las obras de Taniguchi, la lectura debe ser pausada e introspectiva para poder captar la magia que destila.

 

 

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