Aquell jove reporter belga que tenia un fox terrier blanc

Aquell jove reporter belga que tenia un fox terrier blancYa mencioné que en el Museo de historia de Cataluña hay una exposición de Tintín que, obviamente, no me podía perder. El título me gusta por su sutileza: Aquell jove reporter belga que tenia un fox terrier blanc. Es el tipo de título que dirigido casi de forma exclusiva a aquellos que rápidamente sepan de quien habla: un título para los tintineros (o tintinaires).

La exposición no trata sobre los cómics en sí ni sobre las aventuras que en ellos se nos narran, sino que nos habla del exhaustivo trabajo de documentación que Hergé hacía antes de dibujar cada álbum. Hergé, como se puede apreciar, era sin duda un gran perfeccionista. La exposición, comisariada por Jacint Guillem, parte del trabajo de los investigadores para encontrar exactamente aquellas imágenes de revistas, postales, fotogramas, anuncios, ilustraciones, etc. que usó para crear las historias de Tintín, los ambientes e, incluso, los personajes. Para Hergé, la fiel reproducción de la realidad no era sólo una prioridad: era casi una obsesión.

La exposición, que, por cierto, es gratuita, se encuentra en un espacio reducido pero bien aprovechado. Cada uno de los álbumes cuenta con su propio rincón, con un resumen que nos recuerda de qué trata y un breve contexto histórico del momento. En cada uno de estos rincones vemos la portada de cada álbum, acompañada de viñetas junto con sus correspondientes fotografías e imágenes para poder establecer la comparación. También, por cada álbum, vemos una figura que escenifica una de las ilustraciones que aparecen dentro.

He disfrutado mucho de la exposición. Al observar y comparar los dibujos con las fotografías no puedes sino quedar admirado ante la minuciosidad del trabajo del dibujante. El cómic no ha sido nunca valorado de la forma que se merece y, aunque esto ha cambiado en las últimas décadas, exposiciones como ésta ayudan a entender, a dar a conocer y a valorar el titánico trabajo que se encuentra tras cada página.

La exposición se podrá ver hasta el 29 de septiembre.

Os dejo aquí el vídeo promocional, tan sutil como el título de la exposición.

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Som i serem (tintinaires), de Joan Manuel Soldevilla

Som i serem (tintinaires)He contado ya en varias ocasiones como surgió mi temprana afición a los cómics, pero lo haré de nuevo. Cuando era niña pasaba un par de horas diarias en la biblioteca al salir del cole hasta que mi madre salía del trabajo. Ese tiempo se suponía que debía dedicarlo a hacer deberes, pero en realidad pasaba la mayor parte del tiempo repasando una y otra vez las estanterías de libros infantiles, cómics y libros de animales con ilustraciones. Tuve tiempo de leer y releer Los Pitufos, Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Astérix y Obélix,… y, obviamente, Las aventuras de Tintín. Es por eso que, aunque todas estas historias pertenecen en realidad a una (o incluso dos) generación anterior a la mía, forman parte de mi infancia.

Es por ello que me alegra anunciar que los amantes (catalanes) de Tintín y el cómic en general estamos de enhorabuena. Yo, desde luego no podría estar más contenta. Los motivos son:

El título ya lo dice todo: Som i serem (tintinaires), de Joan Manuel Soldevilla (publicado por Acontravent). La palabra “tintinaires” vendría a ser algo así como “tintineros” pero el sufijo (muy catalán) se usa de forma muy consciente para marcar esta relación y la importancia que han tenido los álbumes de Tintín para el aprendizaje del catalán en una época oscura. Y es que, para muchos niños, fue en las viñetas protagonizadas por el intrépido reportero donde leyeron en catalán por primera vez.

El libro se divide en dos partes que toman el título de la famosa obra de Neruda: la primera parte se llama “Deu poemes d’amor (a Tintín)”, mientras que la segunda “I una cançó desesperada (o sobre la desesperació”. En la primera parte, Soldevilla, muy documentado, trata de resolver interrogantes como cuándo y cómo llegaron las aventuras de Tintín a nuestra tierra, qué recepción tuvo la obra, por qué tuvo tanto éxito o cuál fue el primer niño catalán que leyó Tintín. En el libro descubrimos como, en una época en la que los cómics eran considerados mero entretenimiento para niños, Tintín consiguió el reconocimiento de la élite cultural del país, abriendo paso para la consideración del cómic como cultura.

Esta primera parte es verdaderamente interesante y está llena de anécdotas y datos interesantes. Pero es la segunda parte la que hace este libro verdaderamente excepcional. En ella, Soldevilla nos hace un recorrido por los álbumes de Tintín a través del tema de la muerte, especialmente el suicidio, destacando así un cambio visible en la evolución  del pensamiento de Hergé. El suicidio pasa de ser un acto abominable que Dios debe perdonar a una decisión personal heroica que uno debe tomar en un momento dado. Hasta llegar al suicidio del lector, en unas páginas tristes pero escritas de forma muy bella.

El libro está escrito de forma amena, pero con rigor y un poco de humor. Ha conseguido que vuelva a leer mientras ando por la calle, cosa que hacía mucho que no hacía y que, creo, nunca antes había hecho con un ensayo. Y es realmente interesante, imprescindible para cualquier amante de la obra de Hergé. Este ensayo es toda una apasionada declaración de amor que te lleva a correr hasta tu estantería para releer los cómics que ya estaban medio olvidados.

Por desgracia, creo que el libro no ha sido traducido (o por lo menos no he encontrado una traducción), pero aún así he leído en algunos sitios que es fácil de entender incluso para aquellos que no hablan catalán.

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