Ardalén, de Miguelanxo Prado

ArdalénLo sé, es un sacrilegio, pero había oído hablar de Miguelanxo Prado hasta que el año pasado ganó el Premio Nacional del Cómic con su última obra, Ardalén, publicada con Norma. En seguida el cómic llamó mi atención, no tanto por el premio, sino por el título de la obra. Suena bien, como a algo mágico, a sal y arena, a baile y noche de verano. No sé, es lo que me transmitió el nombre. Al ver la portada te das cuenta de que tiene algo que ver con el mar, la vejez y los recuerdos.

He podido leer recientemente el cómic y he descubierto que “ardalén” es una palabra inventada por Miguelanxo Prado, que significa “viento ábrego que sopla desde el mar hacia tierra, procedente del suroeste, en las costas atlánticos europeas. Se trata de un viento húmedo que llega a portar muchos kilómetros tierra adentro olores a sal y a yodo. Según las creencias populares, el ardalén se origina en las costas americanas, atraviesa el Océano Atlántico y llega al suroeste de Europa”.

Sabela es una mujer que ronda la cuarentena, recién divorciada y en paro, que busca alguna pista sobre su abuelo. La historia comienza con su llegada a un pueblo de Galicia, buscando entre los habitantes a gente que recuerde algo sobre aquellos que emigraron a Sudamérica a finales de los años treinta. En el pueblo le dicen que el único que le puede contar algo es el anciano Fidel, pero también le advierten que con él no sacará nada en claro. Sabela se acercará Fidel para buscar en su memoria fragmentada alguna pista sobre el destino de su abuelo.

Nos sumergimos de lleno en el mundo de Fidel, un lugar semi-onírico, en el que nos cuesta diferenciar la realidad del recuerdo o la ensoñación. La sensación se ve reforzada por el uso del color, borroso, vibrante y vivo. La composición de las páginas es clásica, aunque encontramos alguna páginas que tratan de ofrecernos veracidad, como si fueran recortes de periódicos, mapas o documentos oficiales de la época. Sabela, igual que nosotros, aprenderá a escuchar al anciano y se encariñará de él, a la vez que conocerá la magia y los secretos que trae consigo el ardalén.

En la obra se entremezclan temas como la memoria, la imaginación, la formación de la identidad, la naturaleza, la emigración la desconfianza hacia los extraños y, sobre todo, la soledad de la vejez, tema que emparenta directamente Ardalén con otros cómics como Arrugas y  Los surcos del azar, ambos de Paco Roca. Estamos ante una gran obra, cargada de emociones, sorpresas y poesía.

 

Fashion Beast, de Alan Moore, Antony Johnston y Facundo Percio

Fashion BeastHace casi treinta años, Alan Moore fue contactado por Malcolm McLaren, el manager de los Sex Pistols, para que escribiera un guión para una película. Ésta fue la única vez que Moore aceptó un trabajo así. Desgraciadamente la película no se llegó a producir por falta de medios económicos, por lo que nos quedamos sin saber cómo sería una película escrita por el que probablemente es el mejor guionista de cómics del mundo.

Pero no hay mal que por bien no venga, o eso dicen, y, tras varios intentos de retomar el proyecto, finalmente en 2012 se decidió publicar la historia en formato cómic, primero como una serie de 10 entregas y luego como un álbum de tomo único precioso. Por desgracia, McLaren no llegó a ver concluida la obra, ya que falleció dos años antes.

Antony Johnston se ha encargado de reescribir el guión para adaptarlo al cómic y Facundo Percio es quien lo ha dibujado. El concepto inicial, como ya hemos dicho, fue una idea de Alan Moore, que pretendía combinar la vida torturada de Christian Dior con el cuento de la Bella y la Bestia. La obra, como no podía ser de otra forma, se titula Fashion Beast y la edita Panini Comics.

En el libro nos encontramos con cada una de las figuras principales que uno espera de La Bella y la Bestia, sin embargo, lo que en el cuento es mágico y explícito, en el cómic se vuelve psicológico, oscuro y realista.

Voy a intentar no spoilear. De entrada os diré que el clima no puede ser más ochentero: nos encontramos en una sociedad en decadencia, en la que reina la tensión de una inminente guerra nuclear. La gente se evade mediante la música y la moda. Celestine es quien, literalmente desde las sombras, dirige el mundo de la moda. Celestine es la bestia, quien se esconde en una cabina con un cristal y lo observa todo desde ahí. Tiene un rostro deforme, y no quiere compartir su fealdad con los demás. Sólo él puede ver su rostro en su espejo de mano.

La protagonista es Doll Seguin, un ser de sexualidad ambigua, del que voy a hablar en femenino. Doll acaba de perder su empleo cuando se entera de que Celestine busca modelo. Se presenta al casting, es elegida y se queda a vivir en el castillo de la bestia.

Fashion Beast es una parodia de los cuentos de hadas en los que una mujer pobre y atractiva consigue el éxito gracias a su belleza y bondad. Mediante esta parodia se ironiza sobre el artificio y la frivolidad propios del mundo de la moda.

A pesar del tiempo transcurrido desde su origen Fashion Beast se mantiene actual y transmite bien su mensaje, por lo que casi podemos decir que nace como clásico. En él vemos influencias de El fantasma de la ópera, así como una referencia al Joker (hay una modelo que se deforma la  cara para tener una sonrisa permanente). También, como es habitual en Moore, hay referencias al Tarot, aunque quedan en segundo plano. Los personajes son complejos y profundos, simpáticos pero con una gran oscuridad interior, con muchas cicatrices.

Alter y Walter o la verdad invisible, de Pep Brocal

Alter y Walter o la verdad invisibleUn clima surrealista, una sensación de ahogo, de cerrado y de vacío a la vez, unos personajes terroríficos y una gama de colores marcada por el rojo y el verde. Una alucinación. Una pesadilla. Brutal. Magnífica. Estoy hablando de Alter y Walter o la verdad invisible, de Pep Brocal (Entrecomics Comics).

El protagonista es Walter, un hombre corriente atrapado en una vida construida en base a renuncias, que, un día, sin saber muy bien por qué ni cómo, termina en un motel en medio de la nada. Pero el motel no es un motel. Las habitaciones se transforman y se retuercen, la arquitectura cambia, las paredes se alargan. El conjunto parece un diseño de Escher: Walter se encuentra atrapado en su propio subconsciente. Es entonces cuando nos damos cuenta de que el viaje es en realidad onírico. Walter recorre desesperado los pasillos del motel en el que en cualquier momento esperamos encontrarnos con las niñas de El Resplandor, hablando sólo, huyendo sin sentido de sí mismo. ¿Hacia dónde puede huir? La única opción que le queda es enfrentarse a sus propios monstruos.

El viaje al interior de sí mismo se vuelve pronto agotador. El autoconocimiento se consigue de forma traumática, a acelerones y trompicones, superando sus limitaciones mientras se cruza con una sexy e inquietante mujer urraca, con un hermano caimán y, por supuesto, con Alter, el Otro. Alter es el doble que miramos cada día en el espejo. Aquél que nos devuelve la mirada recordándonos todo lo que podríamos haber sido. Alter no perdona.

El ritmo es trepidante y la sensación de inmersión que produce esta novela gráfica es tan intensa que cuesta no ahogarse en ella. Pero sobrevivir al infierno vale la pena si de camino aprendemos algo más sobre nosotros mismos. Cuando termines de leerlo, respira algunos minutos. O horas, o lo que necesites. Y vuelve a empezar, ve hacia adelante, hacia atrás, reflexiona e intenta asomarte de paso a tu propio interior. Léelo con furia, luego con calma. Déjate fascinar. Sobre todo no lo dejes, luego será demasiado tarde.

Azul y pálido, de Pablo Ríos

Azul y pálidoLa nave espacial Voyager 1 tomó en 1990 una foto de la Tierra a una distancia de 6.000 millones de kilómetros, el punto más alejado del Sistema Solar. La fotografía se llamaba Un punto azul pálido. Años más tarde, el divulgador Carl Sagan llamó a uno de sus libros de la misma forma que la fotografía. En su obra, Sagan mezcla filosofía y ciencia para hablar del lugar y del futuro de la especie humana en el universo. Pablo Ríos recoge el testigo y llama a la novela gráfica con la que ha debutado Azul y pálido (Entrecomics Comics).

El mismo Carl Sagan se encarga de introducirnos en el cómic. Con lo primero con lo que nos encontramos es con una cita: “En toda esta vasta oscuridad no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos”. Tras esto, lo vemos en la introducción y en el epílogo. ¿Y qué hay en medio? Un recorrido por vidas de personas que afirman haber sido abducidas o contactadas por extraterrestres.

Azul y pálido tiene un formato de documental, sólo que en cómic. Trata de ser aséptico y objetivo, mostrando simplemente los bustos de la gente que defiende la veracidad de sus historias mientras miran directamente al lector. Todos los personajes que aparecen son reales; Pablo Ríos ha hecho todo un trabajo de investigación para reunir historias de personas que creen que pueden demostrar que no estamos solos en el universo.

La obra se balancea entre la lástima y el respeto hacia estas personas. Sin embargo, lo importante no es saber si lo que cuentan se lo han inventado, ha ocurrido o han sufrido una alucinación: lo interesante es descubrir al ser humano que se esconde tras cada una de estas historias. Ésta es una novela sobre cómo cada uno construye su propia realidad, en estos casos rompiendo fronteras entre la realidad y la ficción, sin importar lo que piensen los demás.

El excesivo distanciamiento es un arma de doble filo y, en este caso, puede hacernos mirar la novela de forma equivocada. El cómic no trata de despejar ninguna incógnita ni de convencernos de nada. Si creemos que es esto, rápidamente perderemos el interés al no empatizar especialmente con ningún personaje. Es el lector el que debe distinguir la mentira de la alucinación o de la verdad. El objetivo de este cómo no es esto, sino que trata de plantear nuevas preguntas sobre la condición humana y de animarnos a mantener la mente abierta. Debemos ser humildes, al fin y al cabo, hay demasiadas cosas que desconocemos y también se burlaron de aquellos que decían que la Tierra era redonda.

La broma asesina, de Alan Moore y Brian Bolland

The killing jokeAlan Moore es uno de los grandes y, sin embargo, nunca había leído nada suyo. En general, no he leído demasiado cómic americano y creo que va siendo hora de ponerse al día. Dado el renombre de Alan Moore y que el tándem Batman-Joker me parece muy interesante, he escogido La broma asesina para hacer este primer acercamiento. El dibujo de Brian Bolland le da, además, una gran calidad estética a la obra. Además, a pesar de estar publicada por primera vez en 1988, la obra ha sido reeditada en múltiples ocasiones, lo cual debe significar algo…

El cómic lo he leído en inglés, básicamente porque la edición me parecía más bonita (sólo hace falta comparar la imagen de este post con la de este enlace), pero para los que lo prefiráis en español, que sepáis que lo edita ECC ediciones. La lástima es que, en castellano, se pierde el juego de palabras del título, ya que The killing joke, aparte de ser “la broma asesina”, es también “la broma para morirse de risa”. Quizás habría sido más fiel alguna otra traducción como “la broma para morirse”, pero pierde intensidad.

La historia se centra en el Joker y en la relación que éste ha desarrollado con Batman a lo largo de los años. Batman se acerca al manicomio de Arkham para proponerle una tregua, pero descubre que se ha fugado. A partir de ahí se desarrollan dos historias paralelas en las que vemos, por un lado, flashbacks en los que se nos muestra el origen del Joker y, por otro lado, el desarrollo de su plan actual que lo lleva a confrontarse una vez más con el hombre murciélago.

El Joker es un personaje interesante: no quiere ser dueño del mundo, ni enriquecerse, ni vengarse,… actúa por simple locura, sin ningún razonamiento aparente. No es un villano normal. Sin embargo, Batman y el Joker tienen en común un pasado truncado con un trauma, que les lleva a renacer con su nueva personalidad. Ambos enloquecen y la única diferencia es que Batman decide perseguir el crimen, mientras que el Joker toma conciencia de que el mundo se mueve por una irracionalidad sin sentido y convierte esta irracionalidad en un patrón. Mientras que Batman tiene un carácter melancólico y taciturno y viste de negro, el Joker viste de colores y tiene siempre una sonrisa.

El Joker, en esta historia, trata de demostrar que cualquiera puede perder la razón y cometer un crimen bajo la presión adecuada. Pero falla. A pesar de tener una ventaja abrumadora, no lo consigue y eso es porque cada personaje se limita a cumplir con el papel que se le supone. Un villano no puede ganar. Un comisario como Gordon no puede enloquecer hasta matar a alguien: debe mantenerse cuerdo y respetar las leyes que estructuran la sociedad. Batman no puede matar al Joker y, sobre todo, el Joker no puede matar a Batman, porque es el héroe. Aunque le esté apuntando con una pistola, porque esta pistola será de juguete. Y si no lo fuera, no acertaría al disparar. Del mismo modo, ambos de odian y no saben por qué, simplemente deben hacerlo.

Al final, el Joker termina contando un chiste, que empieza igual que el cómic: “había una vez dos tipos en un manicomio…”. Los personajes están atrapados en ciertas reglas de los cómics de los superhéroes y necesitan escapar. El problema es que su propia naturaleza no les deja huir. El cómic termina con la misma viñeta con la que empieza: unas gotas de lluvia caen sobre un charco. Nada ha cambiado: los personajes seguirán igual, pase el tiempo que pase.

Ésta es una historia en la que da igual quienes sean los personajes. Eso no es lo importante. Son Batman y Joker, pero podría funcionar con cualquier héroe y su respectivo villano. Y eso es porque Alan Moore no nos quiere hablar sobre una historia en concreto, sino sobre las figuras del bueno y el malo en el cómic americano. El logro de Alan Moore consiste en darles una mayor profundidad a los personajes del cómic, a la vez que reflexiona sobre el cómic mismo. Hay que destacar la calidad de las ilustraciones, hechas con mucho detalle pero con sobriedad, con mucha fuerza visual. Por algo está considerado uno de los mejores cómics de Batman.

Memorias de un hombre en pijama, de Paco Roca

Memorias de un hombre en pijamaA estas alturas, hablar sobre quién es Paco Roca y porqué es relevante entre los dibujantes españoles no tiene demasiado sentido. Para los despistados, os remito a las anteriores entradas en las que ya he hablado de él. Para el resto, paso directamente a comentar su último libro: Memorias de un hombre en pijama, publicado, como viene siendo costumbre, por Astiberri.

Memorias de un hombre en pijama es la recopilación de las tiras cómicas de cariz costumbrista-autobiográfico que se publicaron semanalmente durante más de un año en el periódico valenciano Las Provincias (como detalle curioso, el periódico aparece en la portada, encima de la mesa). Al tener que afrontar una publicación semanal, Paco Roca decidió basarse en lo que conocía: su cotidianidad. Es por ello que nos encontramos sin duda alguna ante su trabajo más personal hasta la fecha.

El personaje principal es, por supuesto, el propio Paco Roca, retratado como un cuarentón peterpanesco que ha conseguido cumplir su sueño de la infancia: poder quedarse todo el día en pijama en casa. ¿Cómo? Sencillamente porque por su trabajo como dibujante, se pasa el día en su estudio. Pero se da cuenta de que ya a sus cuarenta años, es todo un adulto y que debe comportarse como tal y empezar a apartar al niño que habita en su interior.

Su personaje es inocente y bondadoso. Nos cuenta su visión del mundo con un sentido del humor e irónico, pero nunca ácido. Tiene un aire soñador, del que no acaba de tocar el suelo con los pies. Un poco como Felipito (Mafalda), sólo que con unos años más. El autor se dedica a observar la realidad cotidiana desde una mirada ingenua, como la de aquel que quiere ser gamberro pero no le sale. Esta mirada se refuerza en el dibujo del personaje: vemos como Paco Roca tiene los ojos considerablemente más grandes que el resto de personajes (mientras que para los demás son dos puntos, para él son dos pelotas de ping-pong) esto refuerza el carácter curioso e inocente del personaje. Vemos, a través de estos ojos un alma cándida. En lugar de ácido, Paco Roca usa el sentido común como arma. Y así es como conocemos a su pareja, sus amigos y sus familiares, a los que pone como nombre los signos de zodiaco. Los temas son diversos: el amor y el desamor, el trabajo, el estrés, el gimnasio, la crisis de madurez, las manías y las diferencias en la forma de ver la vida. No hacen falta grandes extravagancias: la vida cotidiana está llena de anécdotas dignas de ser plasmadas.

El cómic invita más a la sonrisa que a la carcajada. Nos reímos sanamente de nosotros y del mundo. Paco Roca es un atento observador de lo que le rodea y de sí mismo.  Con este cómic, se nos abre y nos permite conocer sus virtudes y sus defectos, tal y como él mismo los ve. A pesar de la sencillez, el cómic goza de una gran calidad. Estamos ante un cómic amable y sencillo que, sin pretensiones, consigue hacernos pasar un buen rato.

 Como noticia, quiero añadir que a finales del mes que viene, se publicará una nueva obra de Paco Roca: Los surcos del azar.

 

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El Faro, de Paco Roca

El Faro, de Paco Roca

El faroHay ciertos autores a los que con tan sólo leer un par de obras ya fijas como un valor seguro en tu estantería. A Paco Roca lo descubrí, como la mayoría de la gente, gracias a la popularidad de Arrugas y no tardé mucho en darme cuenta de que tenía que leer todo lo que pudiera de él. Lo estoy haciendo poco a poco, salteando su lectura con la de otras obras (hay que ir combinando, la lista de libros pendientes crece cada día). Esta vez le ha tocado el turno a El Faro (Astiberri).

El Faro, como cuenta el propio Paco Roca, surge de la historia que le contó el abuelo de una amiga que luchó en la Guerra Civil y tuvo que huir a Francia. El protagonista del cómic es un joven soldado del bando republicano que intenta huir a Francia. Encuentra cobijo en un viejo faro de la costa catalana, donde el farero lo acoge. Ambos convivirán una temporada en el faro, y el anciano intentará transmitir su ilusión por la vida al joven soldado, quién ha perdido la capacidad de soñar en la guerra. El mensaje es claro: “No se puede ir por ahí, a la deriva, sin un sueño”, dice el anciano. Poco a poco, el joven será capaz de soñar y luchar por sus sueños.

El viejo farero nos recuerda una y otra vez los clásicos literarios marinos que nos hicieron soñar de pequeños: piratas, Ulises, Julio Verne, Moby Dick, Gulliver y sirenas nos sumergen en nuestra infancia y consiguen que el personaje nos parezca realmente entrañable. Su empeño por encontrar la isla de Laputa es un claro ejemplo. Todo junto consigue incluso hacerte ver que el mundo puede llegar a ser muy mágico si realmente queremos que lo sea.

La historia tiene un ritmo pausado, como si fuera un cuento. Pero es un cuento de dimensiones épicas en el que se narra el viaje interior de un personaje que se ha visto alejado forzosamente de su hogar. Las continuas referencias a los grandes viajeros de la historia de la literatura se presentan como una referencia obligada para el aprendizaje que debe llevar a cabo el joven soldado, guiado por su mentor. Todos y cada uno de los viajantes descubren que realmente no importa el destino, lo importante es lo que aprendes en el camino mientras no apartes la vista de tu meta. El Faro es un homenaje hacia esa tenacidad de la que hablan los relatos de viajeros y soñadores; un canto a la libertad y a la paz.

Al final de la edición que he leído (la tercera) aparecen unas páginas en las que el mismo Paco Roca nos explica cómo, cada vez que se hace una nueva edición, revisa, corrige y “repeina” sus obras, cambiando aquí y allí algunas viñetas y diálogos. Realmente preocupación para presentar un buen trabajo se nota y sus lectores lo agradecemos. Esto me ha hecho pensar en el último cómic suyo que leí (El invierno del dibujante) y en cómo han cambiado las cosas desde entonces, un tiempo en el que los dibujantes no tenían derechos sobre sus dibujos y las editoriales podían hacer lo que quisieran con los dibujos sin ningún permiso del autor. Precisamente fue la lucha por sus sueños de los cinco dibujantes rebeldes lo que empezó a cambiar la situación hasta llevarnos a donde está ahora. En el fondo todo trata de lo mismo, ¿no?

 

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Guía del mal padre, de Guy Delisle

Guía del mal padreGuy Delisle es conocido por sus novelas gráficas en las que nos narra sus viajes y experiencias por el Asia. Shenzhen, Pyongyang y Crónicas Birmanas son buenos ejemplos de ello. Incluso con el último de este tipo de álbumes, Crónicas de Jerusalén, ha ganado el premio al Mejor Álbum en el Festival de Angoulême y la nominación a Mejor Obra Extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona.

Pero su última publicación poco tiene que ver con este tipo de obras. Me refiero a Guía del mal padre (publicada en España por Astiberri), cuyo título lo dice ya todo: se trata de un cómic de humor parcialmente autobiográfico sobre ser padre hoy en día.

Con esta novela gráfica, Delisle afirma que ha cambiado el punto de mira: de observar un país ha pasado a observar a sus hijos. Desde luego el cambio debe haber sido muy gratificante, tal y como nos revela el estilo, mucho más relajado. La paternidad le ha cambiado la vida a Guy Delisle, quien se ha establecido en Francia y no planea hacer de momento demasiados viajes. Es por eso que de momento no veremos más libros de viajes.

El cambio es realmente notable. Vemos como pasa de un cómic periodístico con un claro interés por la política, a un cómic mucho más cotidiano y desenfadado. El humor basado en la exageración será el gran protagonista de este libro.

El cómic está formado por historias cortas. A través de ellas nos acercamos a la vida de un padre y a sus dudas, las de sus hijos, las respuestas extrañas que les da y al miedo constante a ser un mal ejemplo para ellos. Así vemos cómo al pobre hombre se le olvida dos días seguidos poner una moneda debajo de la almohada a su hijo, o cómo se niega a compartir sus cereales favoritos con su hija, entre otras muchas cosas. Delisle, conocedor del sentimiento de culpa de un padre inseguro, se pone la etiqueta de padre irresponsable, jugando así entre esta culpabilidad y la despreocupación para lograr empatizar con el lector.

Es un libro divertido que recuerda a todos los padres que no están solos y que, desde luego, no son los peores padres del mundo. He leído por ahí que habrá segundo tomo. Ya lo estamos esperando.

Miércoles, de Juan Berrio

MiércolesEl miércoles es un día que pasa desapercibido dentro de la semana. Ya hemos superado la depresión del lunes y hemos cogido el ritmo en el trabajo, pero el fin de semana aún se nos antoja demasiado lejano. El miércoles está en medio de la semana laboral, es un día neutro. Probablemente sea por eso que Juan Berrio ha decidido ambientar en este día la historia que nos narra en su novela gráfica: Miércoles (SinsEntido). Miércoles podría ser en realidad el sinónimo de un día cualquiera, la metáfora de una cotidianidad en la que, de repente, salta una pequeña chispa que no cambia la vida ni la rutina de nadie pero la hace un poco distinta.

Juan Berrio nos presenta en este cómic una historia coral que retrata la cotidianidad de un vecindario cualquiera. Los temas principales son las relaciones humanas y la vida en la ciudad, presentados de forma amable. Es una historia de la magia de las cosas pequeñas de la vida, de cómo las vidas se mezclan y cruzan.

Los personajes son muy creíbles. No hay un protagonista, pues cada uno es el protagonista de su propia vida. El centro de la narración va cambiando de un personaje a otro: todos protagonizan y construyen el miércoles a medida que van viviéndolo. El mensaje es claro: todos somos únicos y especiales. La vida merece ser vivida.

Nos encontramos ante un cómic de líneas sencillas, minimalistas, pero bello, con una gama de colores bastante simple, basada en tonos tierra. Con esta paleta consigue efectos llamativos e imprime en la novela un aire a veces melancólico y otras optimista. La historia nos es contada también de forma minimalista, a través de pequeñas pinceladas que nos describen las situaciones y los personajes. Miércoles es el merecidísimo ganador del premio Fnac-Sins Entido de Novela Gráfica. Ésta es una obra de madurez, en la que un autor ya consolidado como es Juan Berrio vuelca todo lo aprendido en su carrera.

Esta novela reproduce un pequeño barrio en el que a todos nos gustaría vivir: lleno de gente amable y entrañable. Y lo mejor es que lo hace creíble.

 

Nina. Diario de una adolescente, de Agustina Guerrero

Nina, diario de una adolescenteHace ya bastante tiempo que sigo el blog de Agustina Guerrero, en el que sube las viñetas Diario de una volátil, donde nos relata de forma divertida pequeñas anécdotas cotidianas. Su dibujo es sencillo, divertido y expresivo, y sus historias, cercanas, nos hablan de sus defectos y los de todas nosotras. Hace casi dos meses, Agustina Guerrero, argentina residente en Barcelona desde hace 10 años, publicó su primer libro de ilustraciones editado por Montena: Nina. Diario de una adolescente.

Nos encontramos ante una novela simpática y graciosa, pero que, por desgracia, es más de lo mismo. El personaje podría ser la misma “volátil” del blog, pero con 15 años menos. Las viñetas nos cuentan pequeñas anécdotas divertidas de la vida de Nina, así como aquello que le gusta y lo que no, lo que la incomoda y lo que la avergüenza. Así, pues nos adentramos en el mundo de Nina a través de las páginas en un viaje entretenido y divertido hacia la adolescencia.

Realmente no está mal, pero me ha decepcionado porque esperaba más. El mayor problema yo creo que reside en que no sabemos casi nada del resto de personajes, ni de lo que opina Nina de ellos, más que unas breves pinceladas que no consiguen definir a nadie. Su padre podría ser cualquier padre, su madre podría ser cualquier madre y su amiga gótica podría ser cualquiera. Nada los hace especiales y eso hace que el conjunto quede demasiado plano y ligero, por lo que no representa a penas ninguna diferencia respecto a lo que encontramos en el blog. Y el blog está muy bien, pero para leer lo mismo me quedo con el original.

No obstante, el estilo de dibujo me encanta. Es limpio, sencillo y expresivo. Muy fresco. El contenido para mí queda corto y es por eso que no me acaba de llegar, aunque quien no haya leído el blog y no tenga expectativas, seguramente no le ocurrirá lo mismo. La novela está recomendada para adolescentes un poco más jóvenes que Nina (que tiene 16 años), pero se dirige también a todas aquellas que quieran rememorar su adolescencia. Recordar cómo suspirábamos secretamente por un chico distinto cada semana, cómo cambiábamos de humor repentinamente hasta volver locos a padres, profesores y amigos, cómo queríamos a nuestros amigos más que a nada en el mundo y como éramos capaces de pasar un día entero riendo.