Castilla Drive, de Anthony Pastor

Castilla DriveAnthony Pastor es un dibujante francés de padre español que, aún habiendo publicado ya varias obras, Castilla Drive es la primera de ellas que se traduce al español (de la mano de La Cúpula). La obra, que es la segunda en estar nominada en el festival de cómic de Angoulême (en 2010, Las Rosas tuvo ya el honor), es la primera en ganar el premio al mejor polar. El polar es el nombre que recibe el género negro en Francia, más anclado en lo social y menos atento la trama.

Castilla Drive es una pequeña historia que ocurre en una pequeña localidad, llamada Trituro, que no se encuentra en Castilla, como nos hace creer el título, sino en la frontera entre México y EEUU. En el título se mezcla el español y el inglés (curiosamente igual que en el nombre y apellido del autor) para marcar ese aire fronterizo. Y es que en ningún momento se aclara en qué lado de la frontera se sitúa la historia. Pero de hecho, poco importa, la historia que nos cuenta es universal, podría ocurrir en cualquier lugar. Castilla es “un lugar de la Mancha”, ese territorio indefinido que tampoco interesa buscar.

La pequeña localidad vive un invierno de frío y nieve, que acentúa el ambiente depresivo y el carácter retraído y taciturno de los personajes. Sally Salinger es la protagonista. Es esposa de un detective desaparecido y de dos hijos adolescentes con los que no sabe conectar. Vive también en un momento fronterizo, pues retoma el negocio de su marido, pero sin sacarse la licencia de investigador y aceptando sólo pequeños trabajos relacionados con adulterios o fraudes. Sally se encuentra en un momento de la vida en que no sabe si tirar la toalla o reunir todas sus fuerzas para seguir adelante. En su vida se cruza Osvaldo Brown, un hombre solitario, un poeta fracasado que se dedica a tareas de limpieza y que recibió un misterioso balazo que no le mató pero le arrebató una oreja. Osvaldo vive con miedo de que aquél que le disparó venga a rematar la faena y acude a Sally para averiguar quién lo atacó.

Lo más importante, como he dicho, no es la trama. No importa averiguar quién ha cometido el delito, sino las relaciones que se establecen entre los personajes y la descripción de los ambientes y el escenario. No hay los grandes giros de guión ni los momentos de acción que uno espera cuando piensa en el género negro. No nos encontramos ante una trama policíaca enrevesada ni sorprendente. Nos encontramos ante una historia de soledad, desamor y personajes desesperados, todo ello dentro de una atmósfera inquietante muy conseguida.

En la prisión, de Kazuichi Hanawa

En la prisiónA la hora de escoger qué es lo siguiente que voy a leer a veces busco información sobre novedades o recomendaciones en los blogs y los catálogos de las editoriales. Pero la mayoría de veces lo que me gusta hacer es pasearme por librerías observando títulos y portadas y leyendo contraportadas, para terminar llevándome algún libro de un autor que desconocía y que ha llegado a mí casi por azar. A veces sale bien y descubro auténticas perlas, pero otras veces el resultado puede ser decepcionante.

Así ha sido con En la prisión, de Kazuichi Hanawa, un libro que escogí en gran parte por ser editado por Ponent Mon, editorial que para mí es garantía de encontrar algo bueno, diferente e interesante. Kazuichi Hanawa fue arrestado en 1994 y condenado a tres años de cárcel por posesión ilegal de armas en su afán de coleccionismo. Cuando salió se dedicó a plasmar todos los detalles que recordaba de la vida diaria en prisión.

El cómic me resulta tremendamente aburrido. Y supongo que es lo que buscaba el autor (en inglés el cómic se llama, muy acertadamente, Doing time), ya que hace hincapié en la monotonía y la disciplina que rigen el día a día de los presos. Pero no me convence. No sólo es tedioso por este ambiente monótono, sino por cómo está explicada la historia. Si bien es normal que la vida de los presos gire en torno a la comida (el mejor momento del día) creo que hay otras formas de contarlo que llenando páginas y páginas de ejemplos de menús (en este sentido, me ha recordado un poco a El Gourmet Solitario, de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi). La falta de acción y el exceso de descripciones hacen que leerlo se haga cuesta arriba.

Hay que reconocer, eso sí, que el libro sorprende, pues cuando uno se sumerge en un relato sobre la vida en la cárcel espera encontrarse con una lista de tópicos: los presos como víctimas de un sistema opresor que los maltrata, grandes discursos sobre la libertad, tentativas de evasión, hambre, brutalidad, conflictos, etc. El cómic es más bien una simple descripción de lo que vio en la cárcel. No es ni siquiera una historia con un inicio y un fin (cuando empieza el protagonista está ya en la cárcel y cuando termina sigue ahí) sino que más bien parece un lienzo estático o un manual donde se plasma lo que cualquiera que entre va a encontrar. La cárcel que Hanawa nos muestra tiene, no obstante, elementos duros, los cuales de basan sobre todo en ser una sociedad en la que la jerarquía, el protocolo y el orden japonés alcanza cotas realmente demenciales. Hay un respeto absoluto y una distancia entre los guardias y los presos, una educación siempre impoluta y una disciplina rígida y asfixiante. Todo está previsto. Hay normas de educación  que rigen cuándo y cómo dar las “gracias”, pedir “por favor” o dar reverencias. La puntualidad es exagerada: cada actividad está cronometrada y uno no puede excederse del tiempo permitido para cumplirla. Cada paso y cada movimiento de los presos están vigilados y programados casi como si se tratara de una formación militar.

En la prisión no es un relato de una estancia traumática. No hay violencia, dramas ni fugas. No es un panfleto de protesta, ni una lamentación, ni siquiera un relato de redención. Es simplemente un documento casi periodístico, aséptico. Con valor documental, sí, pero a mi parecer poco valor artístico o literario.

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El Gourmet Solitario, de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi

Looper, de Rian Johnson

El tema de los viajes en el tiempo es uno de los más recurrentes en el género de ciencia-ficción. El ejemplo clásico es Regreso al futuro, aunque el género también cuenta con obras cómo El efecto mariposa El planeta de los simios. Miles de películas, series y libros han usado el recurso de los viajes temporales para reunir a personajes de diferentes épocas, observar las posibles reacciones de éstos o ver las consecuencias de cambiar hechos ocurridos en el pasado.

Looper es el último título que aborda esta temática. En el año 2074 se inventa la máquina del tiempo, que inmediatamente es prohibida. No obstante, la mafia la usa para deshacerse de gente molesta enviándolos atados y con la cabeza tapada al pasado, concretamente 30 años atrás, donde un looper, un asesino a sueldo, le espera para terminar con su vida. Con el fin de atar cabos sueltos, cuando deciden prescindir de uno de los asesinos lo envían a él mismo para que sea eliminado por sí mismo, cerrando así el bucle. El asesino queda retirado sabiendo que le quedan 30 años por delante y una compensación económica suficiente para vivirlos holgadamente. Así, Rian Johnson, director y guionísta, une el cine de ciencia-ficción con el cine negro, con ciertos toques de western.

El protagonista de la película es Joe, interpretado por Gordon-Levitt, quien no consigue matar a su yo del futuro (Bruce Willis), quién está preparado para huir al no encontrarse atado. El film se convierte entonces en un encuentro entre dos edades de un mismo personaje, que adoptan los papeles de cazador y de presa.

Como en muchos otros films de ciencia-ficción, en Looper se esconde una crítica a la sociedad, pues nos muestra una distopía futura muy factible, en la que la mayoría de la población vive en la miseria más absoluta mientras que los ricos son muy ricos. La ciudad aparece gris y decadente.

Por otro lado, los loopers casi pueden identificarse con los yuppies de Wall Street por su codicia y su falta de conciencia por las consecuencias de sus propios actos, puesto que prefieren apostar por las ganancias a corto plazo. En la película vemos como el Joe de ahora no tiene ninguna consideración por su yo del futuro, aún sabiendo que lo que le ocurra, le ocurrirá también a él. El Joe joven sólo ve en su versión más vieja un impedimento para conseguir sus planes más inmediatos. A su vez, el Joe del futuro no puede ni quiere entender las necesidades del Joe del pasado, al que califica de necio.

La película es un relato interesante, una reflexión sobre temas como el destino, las relaciones interpersonales y la capacidad de evolución de las personas. Es interesante ver cómo se trata el tema de la memoria, que es tan frágil que cuando el futuro Joe viaja al pasado olvida ciertas cosas y sólo las recuerda a medida que van escurriéndole al Joe joven, puesto que al viajar al pasado, la vida del Joe viejo entra en suspensión por los cambios que pueda sufrir. Por otro lado también es curioso como el Joe joven trata de entender lo que pasó para enfrentarse a lo que pasará y así intentar prever las consecuencias de sus actos.

Looper es más que una simple película de acción, es una propuesta inteligente, hecha con menos presupuesto del habitual en producciones de este tipo, pero con talento suficiente como para que esto no sea un gran impedimento.