¿Un nuevo cómic de Tintín?

Sapristi!El tema de los derechos de autor y qué hacer con ellos cuando el autor muere es realmente controvertido. ¿A quién deben pertenecer? ¿A la editorial? ¿A sus familiares? ¿A otros que hicieron posible de alguna forma la aparición de la obra? ¿Hasta cuando es lícito ganar dinero con el trabajo de un difunto?

El debate sale a flote de nuevo tras la noticia que publicó ayer Le Monde: Moulinsart SA, la empresa que tiene los derechos de Tintín, ha anunciado que en 2052 publicará, junto a la editorial Casterman, un nuevo y único álbum  de Tintín. ¿Sólo uno? ¿Por qué en esa fecha? Pues porque al año siguiente se cumplirán 70 años de la muerte de Hergé y toda su obra pasará a ser de dominio público. Así, mediante la publicación de un nuevo cómic, Moulinsart “protege los derechos” para que nadie pueda usar la imagen del reportero belga sin su permiso.

Moulinsart siempre ha sido extremadamente celosa a la hora de permitir el uso de todo lo proveniente del mundo de Tintín. Sin ir más lejor, la asociación catalana de “tintinaires”, que antaño se llamaba Milú, tuvo que cambiar su nombre a 1001 (se pronuncia igual) al ser denunciados por la gestora.

Ellos justifican la decisión argumentando que Hergé manifestó su deseo de que nadie más tocara a Tintín y que temen que si pierden los derechos ya no puedan seguir protegiendo al reportero de otras manos. La contradicción es obvia. ¿O es que tienen material inédito escondido? No lo sé. La verdad, lo dudo, dado que ya se publicaron postumamente los esbozos de la que tenía que ser otra aventura más del reportero belga:  Tintín y el Arte-Alfa.

Personalmente, creo que tienen mucha caradura, pero si finalmente lo hacen, espero que sea algo pensado y trabajado, digno de Hergé.

 

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El pantano de las mariposas, de Federico Axat

El pantano de las mariposasEstos días he estado muy ocupada y al final no he conseguido ir a la Setmana del Llibre en Català para nada más que hojear un poco las novedades de los stands mientras iba de camino al trabajo. Si alguno de vosotros ha visitado La Setmana, participado en alguna de las actividades o escuchado alguna conferencia, nos encantará saber su opinión. Yo, por mi parte, he aprovechado y he comprado dos libros de Quim Monzó (El millor dels mons y Mil cretins) y uno sobre Tintín (L’il·lustre Tornassol).

Cuando los lea os diré qué me han parecido. Hoy no toca hablar de ellos, sino del último libro que he leído: El pantano de las mariposas, de Federico Axat. El libro, publicado por Destino, ha resultado verdaderamente excepcional.

Sam, de doce años, perdió a su madre (su única familia) en un accidente de coche cuando contaba con tan sólo uno. Ahora se prepara para disfrutar del verano. El último de su infancia. En él se enamorará por primera vez, afianzará los lazos de amistad con Billy y se enfrentará al miedo. En Carnival Falls (Nueva Inglaterra) una serie de desapariciones tienen en vilo a los ciudadanos, que se plantean la posibilidad de estar siendo víctimas de abducciones alienígenas. Los niños tendrás que resolver el misterio. Los secretos y las preguntas se acumulan, esperando ser resueltos.

Billy es un chico inteligente y creativo, que aconseja sabiamente a Sam y traza planes para lograr sus objetivos del mejor modo posible. Ambos se enamoran de Miranda, una chica de buena familia, pero no demasiado feliz, que les parece casi una princesa. Un pacto de amistad unirá a los tres personajes durante todo el verano.

Ésta es una novela de crecimiento, en la que un personaje ya adulto nos cuenta los acontecimientos que le hicieron ser quién es ahora. Te hace pensar, reír y sufrir. Te mantiene pegado al libro mientras lees lo que implica ser niño y crecer. El relato tiene el sabor de las historias de huérfanos como Tom Sawyer, Oliver Twist y Huckleberry Finn, así como de las películas de los 80 de Steven Spielberg, donde la infancia se disfruta entre amigos, excursiones, bicicletas y aventuras. La nostalgia transpira en cada una de sus páginas.

El estilo es claro, fluido, pero preciosista y cuidado. Se para en los detalles para describirnos la belleza del pequeño pueblo y del bosque, así como los sentimientos que experimenta Sam. Aventuras, amor, suspense: los géneros se mezclan, logrando un resultado policromático. La intriga se mantiene durante toda la obra, hasta darte un bofetón final en el epílogo, cuando creías que ya lo sabías todo, que te hará volver páginas atrás para maravillarte al ver cómo encaja todo. No siempre las cosas son lo que parecen.

Aquell jove reporter belga que tenia un fox terrier blanc

Aquell jove reporter belga que tenia un fox terrier blancYa mencioné que en el Museo de historia de Cataluña hay una exposición de Tintín que, obviamente, no me podía perder. El título me gusta por su sutileza: Aquell jove reporter belga que tenia un fox terrier blanc. Es el tipo de título que dirigido casi de forma exclusiva a aquellos que rápidamente sepan de quien habla: un título para los tintineros (o tintinaires).

La exposición no trata sobre los cómics en sí ni sobre las aventuras que en ellos se nos narran, sino que nos habla del exhaustivo trabajo de documentación que Hergé hacía antes de dibujar cada álbum. Hergé, como se puede apreciar, era sin duda un gran perfeccionista. La exposición, comisariada por Jacint Guillem, parte del trabajo de los investigadores para encontrar exactamente aquellas imágenes de revistas, postales, fotogramas, anuncios, ilustraciones, etc. que usó para crear las historias de Tintín, los ambientes e, incluso, los personajes. Para Hergé, la fiel reproducción de la realidad no era sólo una prioridad: era casi una obsesión.

La exposición, que, por cierto, es gratuita, se encuentra en un espacio reducido pero bien aprovechado. Cada uno de los álbumes cuenta con su propio rincón, con un resumen que nos recuerda de qué trata y un breve contexto histórico del momento. En cada uno de estos rincones vemos la portada de cada álbum, acompañada de viñetas junto con sus correspondientes fotografías e imágenes para poder establecer la comparación. También, por cada álbum, vemos una figura que escenifica una de las ilustraciones que aparecen dentro.

He disfrutado mucho de la exposición. Al observar y comparar los dibujos con las fotografías no puedes sino quedar admirado ante la minuciosidad del trabajo del dibujante. El cómic no ha sido nunca valorado de la forma que se merece y, aunque esto ha cambiado en las últimas décadas, exposiciones como ésta ayudan a entender, a dar a conocer y a valorar el titánico trabajo que se encuentra tras cada página.

La exposición se podrá ver hasta el 29 de septiembre.

Os dejo aquí el vídeo promocional, tan sutil como el título de la exposición.

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Som i serem (tintinaires)He contado ya en varias ocasiones como surgió mi temprana afición a los cómics, pero lo haré de nuevo. Cuando era niña pasaba un par de horas diarias en la biblioteca al salir del cole hasta que mi madre salía del trabajo. Ese tiempo se suponía que debía dedicarlo a hacer deberes, pero en realidad pasaba la mayor parte del tiempo repasando una y otra vez las estanterías de libros infantiles, cómics y libros de animales con ilustraciones. Tuve tiempo de leer y releer Los Pitufos, Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Astérix y Obélix,… y, obviamente, Las aventuras de Tintín. Es por eso que, aunque todas estas historias pertenecen en realidad a una (o incluso dos) generación anterior a la mía, forman parte de mi infancia.

Es por ello que me alegra anunciar que los amantes (catalanes) de Tintín y el cómic en general estamos de enhorabuena. Yo, desde luego no podría estar más contenta. Los motivos son:

El título ya lo dice todo: Som i serem (tintinaires), de Joan Manuel Soldevilla (publicado por Acontravent). La palabra “tintinaires” vendría a ser algo así como “tintineros” pero el sufijo (muy catalán) se usa de forma muy consciente para marcar esta relación y la importancia que han tenido los álbumes de Tintín para el aprendizaje del catalán en una época oscura. Y es que, para muchos niños, fue en las viñetas protagonizadas por el intrépido reportero donde leyeron en catalán por primera vez.

El libro se divide en dos partes que toman el título de la famosa obra de Neruda: la primera parte se llama “Deu poemes d’amor (a Tintín)”, mientras que la segunda “I una cançó desesperada (o sobre la desesperació”. En la primera parte, Soldevilla, muy documentado, trata de resolver interrogantes como cuándo y cómo llegaron las aventuras de Tintín a nuestra tierra, qué recepción tuvo la obra, por qué tuvo tanto éxito o cuál fue el primer niño catalán que leyó Tintín. En el libro descubrimos como, en una época en la que los cómics eran considerados mero entretenimiento para niños, Tintín consiguió el reconocimiento de la élite cultural del país, abriendo paso para la consideración del cómic como cultura.

Esta primera parte es verdaderamente interesante y está llena de anécdotas y datos interesantes. Pero es la segunda parte la que hace este libro verdaderamente excepcional. En ella, Soldevilla nos hace un recorrido por los álbumes de Tintín a través del tema de la muerte, especialmente el suicidio, destacando así un cambio visible en la evolución  del pensamiento de Hergé. El suicidio pasa de ser un acto abominable que Dios debe perdonar a una decisión personal heroica que uno debe tomar en un momento dado. Hasta llegar al suicidio del lector, en unas páginas tristes pero escritas de forma muy bella.

El libro está escrito de forma amena, pero con rigor y un poco de humor. Ha conseguido que vuelva a leer mientras ando por la calle, cosa que hacía mucho que no hacía y que, creo, nunca antes había hecho con un ensayo. Y es realmente interesante, imprescindible para cualquier amante de la obra de Hergé. Este ensayo es toda una apasionada declaración de amor que te lleva a correr hasta tu estantería para releer los cómics que ya estaban medio olvidados.

Por desgracia, creo que el libro no ha sido traducido (o por lo menos no he encontrado una traducción), pero aún así he leído en algunos sitios que es fácil de entender incluso para aquellos que no hablan catalán.

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Desde siempre he sido una gran lectora de cómics. De pequeña, cuando salía del colegio, solía ir a la biblioteca a hacer los deberes y pasar el rato hasta que salían mis padres de trabajar y me llevaban a casa. Allí fue donde descubrí a Els Barrufets, Mortadelo y Filemón, Rompetechos, El botones sacarino, Les aventures d’Espirú i Fantàstic, Superlópez, Astérix y Obélix, etc. Entre estas y muchas otras obras, una de mis favoritas siempre fue Las aventuras de Tintín, por lo que no es de extrañar que desde que oí por primera vez que Steven Spielberg y Peter Jackson iban a llevar al intrépido reportero y a su perro Milú al cine estuve esperando impaciente el resultado.

El personaje de Tintín se alza como un Quijote, ingenuo, pero lleno de buena voluntad y deseoso tanto de aventuras como de proteger a los débiles. Pero, a diferencia del Quijote, no se distrae de la realidad creando situaciones cómicas. Esto último lo deja más a sus compañeros de aventuras: el borracho Haddock, el despistado y sordo Tornasol, los ingenuos y poco avispados inspectores Hernández y Fernández, etc. son los que pierden el contacto con el mundo real provocando infinitud de situaciones graciosas. Estos personajes, no obstante, en el momento justo se arman de coraje y son salvados por su honradez.

En Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio, Tintín y Milú descubren un gran secreto que se oculta en una maqueta de un barco, que lo pone en el punto de mira de Ivan Ivanovitch Sakharine, el supervillano malvado malvadísimo de turno. Para desvelar el misterio, Tintín se embarca en uno de sus viajes por el mundo. Cada giro inesperado del viaje arrastra a Tintín, Milú, el capitán y los inspectores a nuevos peligros y emocionantes escenas.

El reencuentro con Tintín, Milú, los inspectores Hernández y Fernández y la cantante de ópera Bianca Castafiore ha estado a la altura de las expectativas. No es así con el caso del capitán Haddock. No sé si es porque cuando lo leí era aún muy pequeña y todo me parecía más fuerte, pero tengo la sensación de que el rudo lobo de mar ha suavizado notablemente su carácter, reduciendo su considerable repertorio de insultos extravagantes. En la película me ha parecido más un borracho bonachón y tontaina. No sólo los divertidos insultos del capitán hemos echado de menos, sino también al despistado profesor Tornasol, aunque damos por hecho que aparecerá en siguientes entregas.

La película respeta el espíritu de una época entrañable en la que siempre ganaban los buenos. Técnicamente asombrosa, visualmente espectacular y con escenas de acción realmente muy logradas.