La casa de enfrente, de Vanyda

Vanyda es una joven autora francesa de comics en el estilo que se conoce como “nouvelle manga” y La casa de enfrente es su primera obra publicada que, a pesar de ser la obra de una “novata” luce muy profesional. Lo ha editado en español Ponent Mon dentro de su colección Nouvelle Manga.

Me llevé el cómic a casa sin saber muy bien qué esperar de él, me recordaba un poco a la serie Aquí no hay quien viva  o a La 13 rue del Pércebe del gran Ibáñez y también, a la vez, a las series americanas del tipo Friends o  Cómo conocí a vuestra madre. La realidad es diferente. En el edificio al que hace referencia el título encontramos a Béatrice, madre soltera de Rémi, que está embarazada de nuevo; a Fabienne y Jacky, una pareja de entre 40 y 50 años y a Claire y Louis una pareja joven. Todos ellos viven en un piso normal como tantos otros, con sus pequeñas historias separadas que se entrecruzan en la escalera. La casa de enfrente es, por tanto, un conjunto de relatos de un grupo de personas que conviven en este edificio.

En esta casa los vecinos se conocen, se ayudan y entablan lazos de amistad. Sin dejar de ser una historia realista, que consigue que te sientas inmersa en ella, es algo naif. La historia es blanda, complaciente y tópica. No obstante, las relaciones entre los vecinos constituyen un engranaje que hace que la obra fluya de forma bastante natural. En la obra se aprecia un gran interés por retratar la vida cotidiana, por lo que observamos escenas de diversión, aburrimiento, pequeñas peleas, amistades,…, todo lo que se puede esperar en cualquier día de nuestra vida.

En esta descripción de detalles cotidianos y en el empeño puesto en explicar la psicología de los personajes casi parece que la autora se olvida de ofrecernos algo más, y es que cuando terminas de leer la novela gráfica no te quedar de todo claro qué es lo que has leído. Eso sucede porque al empezar nos encontramos de golpe inmersos en una trama ya comenzada y al terminar ésta no está acabada. Aunque en parte creo que ésta es precisamente la gracia de una obra, en la que lo único importante es retratar una cierta atmósfera más que unos sucesos.

El bolígrafo de gel verde, de Eloy Moreno

A veces hay libros que, aunque no sean grandes obras, son capaces de hacer que te plantees ciertas cosas y de influirte gracias a las advertencias que contienen implícitas. El bolígrafo de gel verde es una de ellas. En un principio lo que más me llamó la atención fue el título tan curioso que tiene, que me llevó a mirar la contraportada. Tras ello sospeché que el libro tenía algo que decirme y lo compré, aunque he tardado casi dos meses a ponerme con él (una vez empezado lo leí en dos días y porque tenía que trabajar). Cuando lo lees enseguida te das cuenta por la forma de redactar de que Eloy Moreno es un escritor novel. Para confirmarlo tecleé su nombre en el buscador y me encontré ante una historia de tesón.

Y es que El bolígrafo de gel verde ha visto la luz gracias al enorme esfuerzo que le dedicó su autor, quien, tras terminar de redactar la novela, la autopublicó. Tras ello comenzó un largo peregrinaje por las librerías, intentando convencer a los libreros para que le permitieran exponerla y hacer de promotor de su propia obra, explicando a todo aquel que quisiera escucharlo el contenido del libro. Gracias a su insistencia, La Casa del Libro de Castellón puso su libro bien a la vista en sus estanterías y la editorial Espasa no tardó en llamar, interesada en publicar el libro.

¿Y de qué va este libro? De la rutina, de cómo ésta puede envolvernos hasta ahogarnos y de cómo la falta de tiempo convierte la vida en la ciudad en un infierno para aquel que no sepa tomarse las cosas de otra forma. El protagonista no tiene nombre, seguramente para que cada uno de nosotros podamos ser él (y, en parte, la mayoría lo somos). Tiene una vida que se supone que debería ser feliz: tiene una esposa hermosa, un niño sano y un trabajo estable. Pero le falta tiempo para poder disfrutar de todo ello, por lo que se siente atrapado allí donde va: en su casa, en su trabajo, en su coche, en casa de sus padres y de sus suegros; todo se convierte en una cárcel para él.

Vive angustiado y preocupado por la relación con su mujer, que se enfría y se desgasta, que se convierte en indiferencia y soledad. Y silencio, demasiado silencio. Por eso quiere huir, escapar y comenzar una nueva vida con ella, pero no se atreve y su cobardía es lo que más le duele. La comparación entre los esfuerzos de Eloy Moreno y los que su personaje no hace es inevitable; parece que Moreno ha aprendido algo de la historia del oficinista anónimo.

Es un libro que te ayuda a valorar o revalorar nuestro día a día para separar lo que es importante de lo que no y para aprender que es importante encontrar tiempo para demostrar afecto a la familia, los amigos y la pareja. Ayuda también a recordar que los sueños no se cumplen solos y que hay que saber aprovechar nuestro tiempo limitado.

Es una historia actual, fresca y urbana. Cercana y triste. El protagonista podría ser un vecino, un amigo, un familiar o nosotros mismos y, por ello, se le coge rápidamente cariño, porque es como nosotros.

El libro está bien, sabe mantener la necesidad de seguir leyendo, aun conociendo ciertos desenlaces que se van anunciando de forma repetida; pero le falta algo: el lenguaje es demasiado llano y los personajes son planos. Probablemente todo esto es producto de la inexperiencia de Eloy Moreno como escritor y sepa remediarlo en sus próximas obras (me ha parecido leer en algún lado que se ha puesto ya a preparar la siguiente). Aún así, creo que es un libro escrito con el corazón, altamente recomendable, que ayuda a analizar la propia existencia y a amar la vida.

En mi caso, tras terminar de leerlo, no he podido evitar hacer una excursión por la montaña (aunque ni de lejos tan larga como la del protagonista). Estaré pendiente de su próxima publicación.